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Más allá de mis sueños, donde todo vale

Torrelavega
Lugares de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Escribo mientras duermes y coletean tus sueños,
Deja que pase, abriré de par en par el cielo;
De nuevo pregunto, ¿por qué este deseo?
Si de tener nada tengo,
Si por querer casi me pierdo.

Pero, descorre tu velo niña de fuego,
¿Cómo podría dejar de amarte?
Si me tiembla el aliento aunque de fuego sea mi aire,
Si derribas mis cimientos y, de mi alma, los cristales;
Si hasta le escribo en bromas al viento
Por ver si consigo olvidarte.

Llegará el otoño y el hará de mi espuma rastrojos
Y por puro antojo me robará mis deseos,
Pero mientras tanto creció por dentro
Algo que borró mis recuerdos
Escribiendo sonrisas donde ni siquiera había desconsuelo.

De puro borrar, borraré instantes,
Tantos como semillas condenadas conseguí derramarte,
Allá en los sueños, donde todo vale,
Necesito que tu amor de amor me mate,
Y que traspases las viejas espinas
Aquellas que entre sueños me angustiaren,
Cuando de pequeño me hice viejo
Cuando me grite y dije en parte:
Muere pronto, -muere tarde-,
Pero no quieras, no te late, olvida, nada vales,
Ya no te miran, no vale la pena mirarte.

Pero mi corazón chirría de nuevo, se rebela,
Fuegos artificiales donde antaño hubo naves
-De vacío desoladas y sin aire-,
Algo esperas, algo nace, no te arrebatan pasiones,
Pero buscas entre mares lo que mi amor consiente
Y en tus entretelas renace,
Aunque no comprendas porqué no puedes olvidarme.

De verte, de sentirte; -pequeña caricia, te hiciste suave-,
Esencia, gotitas pequeñas, como un río que se esparce
De agujeros chiquititos hasta grandes caudales
Que se ríen de los que rieron, -y dijeron-
-Este nada vale, pobre miserable-,
No sabían, de puro ciegos,
Que hasta el fuego hierve en mi sangre.

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Ventanas enamoradas que no dan a la mar

Torrelavega
Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Te vas de morir llorando,
Llegaste del mar suspirando
Y animando impávida
La suerte de aquel que no tiene dados.

Y hasta aquí he llegado…

Por un instante pienso qué a quién estoy engañando,
De tarde gris, a noche fulminante
En extraña soledad y carente de instante,
Quise recordar, trasladarme a un pasado delirante,
Buscarte a ti o quizá a mi mejor amante,
Pero solo encuentro mi balcón y un sombrío presente errante.

Extraño poema, extraña composición pensaréis,
Pero es que no sé lo que es,
De prosa pudo haber nacido, pero cuento no es,
Y de cierto, sincero, que poema tampoco fue.

Asomado, cigarrillo de hastío apagado,
Gris, morriña, y ventanas, -ni una estrella-
¡Y me prometiste mil!

Al final de mis retinas siempre lo mismo,
Aquella mujer planchando que mira al cielo, quizá rogando,
La vieja cotilla que lleva mil gestos apuntados,
Y la misma nube que pasa, pelos alborotados.

Qué absurdo, cuánta vida en mis poemas,
Cuanta mentira de verdad, y al final
Vacio y soledad, las misma miradas,
La misma gente que siempre veré pasar.

Puentes traslúcidos que, de fingidos, parecen turbios,
Corazones dibujados en papel invisible
Y viejas canciones llenas de fe,
Eso es lo que tengo, esto es lo que soy,
Eso es lo que tendré, escribo sobre lo que siempre quise ser.

Pero al final de una esquina
De su sonrisa sé que brilla aquella nueva princesita
De ojos de piel y azul infinito
Y la vida vuelve a rodar,
Una esperanza y un ruego al viento para volver a navegar.

Durará un segundo porque, después al llegar,
Alumbrará un amanecer de verdad y tú volverás a pasear,
O aquella cajera del bar, o quien se atreva a mirar,
Y el sol renovará su brillar.

¿Eso es amar?, ¿esto es soledad?
Si Dios me dio la vida
¿Por qué no voy a amar aunque no sea de verdad?

Y así voy llenando la vida,
No se lo digáis a nadie, estamos en familia,
Es fin de semana y los demás no vendrán,
Dejadles que piensen que soy ola
Cuando en realidad no llego ni a ser golpe de mar.

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Un trocito de cielo para los corazones decepcionados

torrelavega
Dos miradas, una foto de Pepín Balongo.

Trozos de corazón desperdigados que no significan nada,
Espumarajos de mar cubiertos de espadas que ya no son lo que fueron,
De verde contraste, delirantes anhelos,
Buscando explicación, quizá consuelo,
A lo que no existe, a lo que ya no está entero.

Decepción a decepción trascurren mis sueños,
Pesadillas de fingimientos, infierno y lamentos,
Sustento de miedos, fueron por ti, fueron mil cientos,
Todo murió al amparo del calor de tu fuego,
De suave fue nada, de sentido se hizo eterno.

Maldito corazón, de dulzuras me engañas, de pasión me estremeces,
Me otorgas alas y a cambio me pides el alma,
Pero, de la pura contradicción, me engañas y me meces,
Suave y altiva, milimétrica duda que de fuerte se hace cimiento,
Sin coro de ángeles, solo tercios de renglones torcidos
Que parecen sentimientos, pero albergan sospechas sin procurar alivio.

Sé lo que siento, pero es frío, puede que vacio,
Pero me entrego porque quizá no sepa a beso, pero me mantiene vivo,
Como un trozo de pan si me siento hambriento,
O agua de rio, si de sangriento o mugriento o quizá solo sediento,
Se empeña mi vida, la que sabe a viento,
En vivir otra vida plena de anhelos,
En la que no crea que haya muerto.

Si desaparezco y a la vez me quedo,
Si me pierdo de puro ciego y en silencio,
Si aguanto y de mareas soy sustento,
Si nunca finjo lo que no siento,
Si solo busco abrigo,
Si en el fondo solo ruego porque, por vivir, nunca he vivido.
Si en el fondo solo quiero soñar contigo.

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Yo soy así, es mi forma de ser

torrelavega
Calles de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Soy ave de paso y apeadero de mil almas,
Refugio seguro y cruce de caminos,
Dulce crepúsculo y león de invierno,
Tierno y dulce, áspero y seco,
A veces huracán y casi siempre trueno.

Ansío la paz y la cordura
Y la locura y los sueños,
Detalles nimios del corazón inquieto
De un hijo del mar, que teme su misterio.

A veces soy hielo, y otras fuego,
Me enamoro de una hoja que mece el viento,
De la ola que no rompe y del cauce de un río seco,
Pero cuando tintinean los ángeles,
Y mi amor es carne y hueso,
Mi corazón moldea las estrofas de mil versos.

Pierdo y gano, pero nunca juego
Aunque mi alma dude si lo que oye es un lamento
O se trata de una rosa
Que ya no se muere por dentro.

Soy sublime sinfonía y distorsión delirante,
Cuerda de guitarra y arpa abandonada,
Guijarro en el camino o paseo de estrellas,
Galaxia acompañada por un solo planeta
Que espera a su cometa.

Acaricio el silencio o montes eternos,
Pieles tersas y mechones de cabello
O recuerdos olvidados de un viejo tiempo
En que amores imposibles dinamitaron mis cimientos.

Es difícil renacer tras mil veces muerto,
Recorrer aquel sendero sin la ayuda de otro cuerpo,
Sin una mano que roce el temblor de mis caderas
O los latidos de mi pecho,
Deseos contenidos que separa el universo.

Vivo en el arco iris y la nube gris,
Soy lluvia que cae sobre un niño pequeño
Y que moja a los amantes que aun no han pagado su precio.

Puedo ser el necio que se embelesa
Ante una falda de colores que se rinde al viento
O el fiel enamorado que muere pensando que con él se irán todos sus sueños.

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Vientos de agua y lágrimas del corazón

torrelavega
Rincones, una foto de Pepín Balongo.

Viento norte que me empuja hacia el este,
Una pequeña barca y, como velas,
Costurones y sobras de hilo de oro para corazones rotos.

Me he perdido en calma chicha, sin horizonte, rumbo estancado,
Tampoco te oigo, solo olas que, como yo, se quedaron sin fuerza,
Y creo que hasta mi rima es ajena.

Voy un minuto por delante de la vida,
Siendo eterno vendaval de mil silencios y heridas,
Golpes de rocas que disuelven cristales rotos,
Demasiados latidos de sangre desperdiciada, dulce alboroto
De ciegas semillas que se abren paso
Sin ser conscientes de que se estrellarán contra un sueño loco.

Pero luego camino, oriento un poco mi destino,
Y me esperas, aunque no seas tú, confundo mis delirios,
Y me entrego,
Entonces de tranquilo río
Trasmuto en mil océanos de fuego que no comprendo,
Se lo que busco, aunque no me entiendo,
Tú tampoco, yo creo,
Pero de mi armonía eres consuelo y de mi cordura impedimento.

Solo te pido tus alas y del temor hago un ruego,
Porque, de marchito, mi cuerpo no tiene sentido
Si en él no aletea la sombra de tus mimos,
Esos que no comprendes, esos que te hieren,
Y aunque reniegas quieres y no quieres,
Porque tu alma también es infierno,
Ves belleza donde debía haber solo miedo
Y de nuevo no comprendes, no entiendes mi verso.

Lo disfrazas de ternura lo sé,
Temes derribarme de un certero disparo a un corazón muerto,
Sabiendo, asumiendo, que jamás recuperaré el vuelo,
Pero yo no, mi cielo, soy una y mil veces Fénix,
Por eso me arriesgo y me entrego de nuevo,
Jamás dejare de buscar,
Sé que entre las tinieblas encontré luz y la quiero recuperar.

Corazón recio, pero nunca veleta,
Sabe equivocarse y rebelarse ante un alma inquieta,
Hiere profundo, hiere dentro
Y pide poco aunque te pida el universo.

Por eso hoy giro el timón hacia la derecha,
Buscaré nuevos horizontes,
Voltearé los vientos del Suroeste princesa,
En el Este estoy solo y de doler ya me aterra.

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Las estrellas giran hoy alicaídas, solo sonríen si las miras

torrelavega
Zona de vinos de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Las estrellas hoy giran alicaídas
Te sonríen si las miras,
Pero me duele el esfuerzo de mirar
Hacia donde quizá ellas no debieron estar
¿Comprendes?

Nada está en su lugar, ni tú, ni mi edad,
Ni siquiera la soledad cuando la quieres esperar,
¿Y cuándo es el aire el que llega tarde?

Entonces al primer desaire
Agarro la vida y pierdo el combate
Porque, como siempre, mientras transcurre
El lento sopor de la debacle
Me dejo en el embate un juego de pulgares
Que de puro fuego condenan
A perderte, verte alejarte
Y como siempre olvidarte.

Te veré dar media vuelta a la plazoleta de mi vida,
Girando al verme la cabeza siempre atrás
Por no mirar mis ojos que, sin ser de mar, tienen mucho que dar,
Pero no querrás amor, me hablarás de libertad,
De esa que anhelas, de la de aquel que esperas.

Te quedas su recuerdo y estropeas mis alas
Y como siempre: recogerlas, solo eso,
Pero entorno mi cuerpo
Y, de puro asombro, estremezco,
Vuelves a mi encuentro y pienso y rompo,
Me muerdo el nervio,
Y pregunto, respondes, y todo vale.

Girando, girando, cascarillas metales
Que, al amanecer, empujados por el viento
Se clavan en mi pecho.

Y de nuevo todo vale
Y de así hasta que el infinito se acabe
O mi vida de silencio se salve.

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La última mujer

edificio torrelavega
Entre penumbras, una foto de Pepín Balongo.

No aguanto más, deseo pasear, sentirme a solas frente a la mar,
Y olvidar, olvidar, olvidar…,
Hoy no quiero mujer, ni con rostro ni sin él,
Solo vivir sin necesidad, ni de besar ni de acariciar,
Doy mucho, dar todo, tanta pasión para no recibir nada
O acaso rastrojos, desidia o desgana.

¿Es ficción?, ¿son recuerdos?
No indagues amiga mía, es mi corazón que habla,
O eso, o nada,
Te tengo, recojo las alas y en pleno vuelo las despliego sin miedo
Así hasta el infinito cercano de tu rostro,
Ese que no recuerdo.

Aunque te siento, muy dentro, quizá en el centro
De un millón de estrellas que han escapado de un viejo cometa
Huyendo de un incierto lamento
Que tú conoces y yo presiento,
Te busco y no te encuentro, te echo de menos.

Alzo la mano, temblorosa, pero altiva,
Y te navego muy dentro aunque tú no me ves,
No te importa, tu alma se descuida,
Pero reniego de esta y de mil vidas en la que tú no seas mía.

Por eso caminaré sobre una arena fría y cubierta de sueños,
Esos que te presté y que no viste bajo tus pies,
Para así poner mi alma del revés.

Entonces robaré viento, espuma y un trozo del amanecer
Para mirar al sureste y decirte bajito, o quizá a gritos,
Que no estás, que te necesito,
Y que puede que hayas sido la última mujer.