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Soñé que soñaba contigo y con mil juegos del viento

paisaje, cantabria
La puerta del cielo, una foto de Pepín Balongo.

No reniego de ti cuando siento tu pecho
Escucho latidos y ruego tus besos,
Pero solo es dulce embeleso, me apresa tu silencio
Regresando con él la ausencia y el triste desvelo.

No puedo, de verdad, no puedo…

Juegas que sueñas conmigo mil juegos de viento,
Huracanes altivos que sientes tuyos y míos y tratas de eternos
Sin saber que no sabes que, quizás de puro sueño, dejaré de ser tierno,
Desbordas mi alma de trozos de suelo
Con intención de pisarlos
Sin saber que cubre sus costuras torcidas con otros millones de sueños.

Preso de mi palabra estaré junto a tu aroma
Pero tratarás, buscarás, rogarás e incluso llorarás
Pero no me tendrás,
No volveré a regalarte sonrisas que el cartero me devuelva podridas,
Esas de goma que, como caricias sabiendo a broma,
Son más que las delicias que desde otro vientre en tu vientre explotan.

No se ganan las batallas que mis manos no exploran,
Ya no sientes de noche en tu piel, ni en sus poros, ninguna calidez
Porqué yo me fui ayer, ya no estoy, vuelvo a estar aquí
Con un corazón de menos, pero otra aventura que vivir,
Y así rueda la vida, te lo dije a ti,
Pero tú, empeñada en fingir, no me quisiste oír.

Te miré, te sentí, te esperé, me hice pequeño y maduré
Pero retrocedo princesa, mi mente flaquea
Y aquel viejo fuego ya extinguió de mil esperas.

Son demasiadas razones, pequeños engaños, insanas cavilaciones
Que, de puro absurdo, dinamitan hasta la rima más bella
Desgarrando mis sentidos de lo que ayer capturé
Y acaso de mis deseos ahora pierda.

De no comprender te sientes difusa, lo sé,
Pero de agónico agotamiento he de apartarte,
Me cansé de inventarte, de no besarte, de volver a encontrarte,
De jugarme, de perderte y siempre condenarme.

¡Basta ya, nube bondadosa!,
Mi corazón ya no necesita tu lluvia, me entregaré al próximo amanecer
Necesito cielo azul y no murmullos lejanos,
Tus juegos me aburren, ya no me sostienen,
Ellos destruyen lo más bello y mejor de mis venas
Convirtiéndome en el semen inútil del que ayer, bendito ayer, cantó Sabina.

Yo árbol próximo a caer indefenso ante tu deriva,
Mientras por ti vienen y van mil hombres de colores,
Unos hermosos, otros distantes y la mayoría fieles,
Pero yo soy el último, el que más quieres,
Pero el que menos te duele.

Me sientes fuerte, dices que soy tu roble,
Pero desespero marchito por no hacer reproches,
Tú lejos y la lluvia, de mientras, empapando mis desechos
Y al tiempo tu sonrisa brillando en otros universos,
Ahora me callo, ya me marcho, me aburrí de suspirar.

Viento del norte que viajas al sur habla con mi amor y dile que…,
Mejor no le digas nada.

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Siempre habrá besos de papel

cantabria
Pueblos de Cantabria, una foto de Pepín Balongo.

Las palabras del poeta no se pierden en el viento
Ni las desintegrará jamás una tempestad
Siempre habrá unos ojos tristes, o una mano temblorosa
Que roce el vientre de su amante, la más hermosa.

Alguien le hablará al mar
Mientras las traviesas olas rompen en su pecho
Y muy cerca un corazón se rebelará a gritos contra el atardecer
Porque no soporta que los jóvenes aprendan la agonía del éxtasis
Mientras fluyen de su sangre retoños de vid
Y su sudor huye de un cuerpo que pronto aprenderá a morir.

Y siempre habrá palabras bellas
Que recuerden besos furtivos en plazas desiertas
Engarzando labios sin sangre
Contra flores de carmín aun no germinadas.

Pechos que se extinguen en la distancia
Corazones bombeando amores imposibles que se llenan de yagas
Mientras levemente el silencio endulza sus almas.

Besos de papel que rompen en mohín de serpentinas
Que en su caótica deriva huyen de lo que no entienden.

Tormento infinito del abrazo nonato
Del que se escondió en la luna
Y que al volver sus pasos
Se pierde en la bruma porque,
Donde hubo pasión, solo quedan lagunas,
Tristeza infinita que, de carente, no es pura.

Es pesada la losa del que en la desgana se adentra
Rompiendo en su inacción la deriva del viento,
Es sutil la intención del poeta, de criptica parece rosa
Resolviendo atardeceres donde solo hay pasión dolorosa.

Intuyendo colores que de pasión desbordan
Mil rincones infinitos de esquinas hermosas
Que deslumbran de irreverentes
Lo que de la inacción no brota.

Cine

Historia del cine en Cantabria, Capitulo 3: Las primera estrellas

El panorama político de 1934 era convulso. La izquierda de Lerroux y la derecha de Gil Robles gobernaban en un equilibrio precario y la conflictividad social comenzaba a adquirir tintes trágicos; de hecho, en nuestra vecina Asturias, se produjo una rebelión contra la republica que prendió en llamas a medio Oviedo, dejando un sangrante rastro de muerte y de olor a pólvora: en el breve plazo de dos semanas fallecieron más de 2000 personas, la mayor parte de ellas mineros. Sigue leyendo “Historia del cine en Cantabria, Capitulo 3: Las primera estrellas”