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Dos pasos vacíos, voces malqueridas

(Foto: Balongo,2013)

Ausente está la luna de esta tarde gris, ansiosos mis te quiero y añoradas las fotos de aquellos meses de abril: los que te tuve y los que te perdí.

Cruel mezcolanza de caricias ausentes y de sudores que no lubricaban piel con piel; dimes y diretes de grietas incandescentes y lenguas con sabor a hiel.

Pero caminé, -vacíos los bolsillos-, y te sentí pegadita a una flor que cayó al río y a una canción de imposible rima que arrasó con mi razón.

Pasos, y más pasos, de luna negra y de violentos amaneceres que aletargaron mi pasión, soles hundidos entre nubes traviesas y abrazos que no son de este mundo pero sí de mi corazón.

El último paso:

Te quiero, Se lo sugerí al abismo y tu eco se incrustó en mi pecho, noches de colores y requiebros dorados, perlas engarzadas entre murmullos y gargantas rotas por latidos desgarrados y rotundos frenesí producidas por dagas ensangrentadas nacidas, todas ellas, de uno o de mil días de color gris.

Fui camino de tus pasos, ladera de tus montañas y río para tus valles; agua salada tan profunda y distante que me aturdía, pero que fue brillante para mí; y así, amor mío, alejo el anhelo porque no deseo desertarme.

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Para siempre en mi corazón


Purpura es el desencanto porque, habiendo sido mía, ahora soy tu extraño; probé tus besos, en realidad los estrené, fue eso: una esencia equivocada que atrapó mi deseo y, de ti, me hizo preso.

Desde ayer, o desde un hoy muy lejano, me enamoré de un tiento, de un tiro al aire, solo fue eso: te adorné de rosas, dibujé tu pelo y añadí colores nuevos a todo lo que de ti inventé y ya no recuerdo.

Camino en un sueño lúcido, te llamo y te llamo desde acantilados contrapuestos a la rosa de tu viento; creo en ti sin haberte rezado, casi no te he tocado y ni mucho menos te ha rozado la anomalía enferma de este loco amor mío que nació ya extinto.

-Mira lo que te digo-:

Te quiero cuando te olvido y más aun cuando finjo estar contigo rozando una almohada que, de húmeda, ya no da cobijo, ni descanso, -solo frío-, es mi destino: porque sino sueño contigo sangro un liquido ya invicto porque, del corazón, solo me quedan resquicios.

Vuela lejos amor mío, créete que te olvido para que, al regreso, te llegue todo esto que aun te digo: aunque ya sea tarde y solo voltees a un sitio lóbrego y vacío.

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Errores del viento

Es el tiempo que pasa y me traspasa, agonía caústica para una sangre de hartura desbaratada. Alicaído luce el olivo de mis días; codicia de un sol exhausto y grito retorcido de un dolor que, de anómalo, ya no me es extraño.

Mimo tu recuerdo, pero ya te he olvidado; de los mares chiquitos ha surgido un océano donde tu brisa y mi viento amarran en puertos lejanos.

Pero te siento y, a pesar de todo, aun te amo.
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Al calor de una noche que muere de frio

De buena mañana partió mi alma, lo hizo de rodillas, pero altanera y de buena gana. Quise verte, me canse de estar perdido, de vivir sin ilusión; ya me dolió demasiado soñarte en mil noches baldías mientras anhelaba verdes prados en los que las hadas tejían su reino y donde los abrazos sinceros solo sabían a eso.

Todo por un beso, o por los sueños de una flor, o por la aurora que precede a una ausencia no deseada y que solo deja un poso en forma de lagrima de almohada.

Esto tan extraño es la vida: filo de aguja de un pasado que pende de su hilo; así es mi vuelo: iracundo, mortecino, muerte deseada y golpes de una soledad también ansiada, pero remolona y contigo, princesa sin nombre y cabellos de trigo.

Tus palabras son azules como tus ojos, como tu frio y como las gotas de lluvia que nunca maldigo. Niña mía, haz de mi alma tu castillo y vela por mis venas malsanas y mis pensamientos malheridos.

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La flor de tu ausencia; qué distancia más cercana

Fuiste ansia, recoveco, pasión y herida; tan abierta que pareció de mediodía siendo negra la noche y sus lagrimas enfurecidas. Reprimido fue el suspiro, aquel que alborotó mi vida y que se erigió en hijo de una ira que no olvida.

Y sin embargo te quiero y también te quiere mi frente marchita; son cosas de de una hoja que gira y gira en una sola palabra sin fin, te lo diré hoy por mañana y mañana por ayer; eterna e inestable te vistes de amanecer en viejos soles que mueren en aquel horizonte donde esperas mi respuesta: aquella que te daré hoy por mañana y mañana por ayer.
Parpados azules y carmín ausente; blancura de primavera en un otoño que aun no reina pero que tiñe de gris todas las esferas; todas, menos tu estela que es recuerdo constante de algo que n fue, de algo que inven5té pero que está en mi piel.
No quiero que me comprendas, o tal vez sea que sí y te hable envuelto en unas sabanas trasparentes; frente a frente y junto a ti, puede que en mis sueños, puede que este mes de abril o puede que nunca y que haya de ser así.
Volveré cuando duermas, cuando yo viva un sueño o cuando ya no deba amanecer; volveré sin quererte porque te amo porque sí.

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Ya nos amamos, pero aún no lo sabemos

(Cúpula de la iglesia nueva de Torrelavega)

Podríamos habernos conocido bien, a estas alturas ya te habría besado y el frescor de tus labios endulzaría el agrio sabor de mi último café en soledad.
Pero me fui, de porqué lo hice no sabría darte razón, puede que el corazón me confesara un pequeño secreto sobre ti o, simplemente, era lo mejor para los dos.
Tu no piensas en mí, yo procuro hacerlo poco; pero sé que me vas a echar de menos cuando el agua de mayo le haga de sordina a tu pasos en soledad, o cuando, en las ventanas de tus ojos, solo veas gris donde antes te sobrevolaban  los arcoíris.
¿Qué querías de mí? o, mejor aún, ¿Qué quería yo de ti?, lo más seguro es que solo buscábamos algo que se pareciera al amor, aunque ahora ya es tarde para comprenderlo.
Mañana seguiremos; hoy me duele algo en el corazón, -y más adentro-, pero probablemente me falte la seda de tus manos que ya no asedia mi pecho, o el color de tus ojos.
Puede,- ¿quién sabe?-, que haya olvidado las hendiduras de tu piel y el olor de tu ropa, o la sonrisa de tus ojos y la inconmovible suavidad de tu sexo, quizá sea solo eso; de ansioso inoportuno me pierdo mar adentro, armado de cordura y carente de sosiego, es solo por si te veo, amor mío, tan solo por eso.
No existes, mujer, pero yo cada día me pierdo en tu aliento; tú no lo comprendes, aunque ya te llevo dentro; tú también a mí: tú no lo sabes, ninguno de los dos lo sabemos.