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De esperas y decepciones

Canción de amor para un viejo piano que alborotó sus teclas y las desvistió de emoción.

Viento tuerto que desvía el ánimo hacia las emociones muertas, descarta lo bello y nos regala un manto gris y mugriento.

Días de invierno, aquel que siempre niega el saludo y que se va sin liberar su sitio por si acaso la opacidad de un alma enferma se pierde para siempre en su infierno de desolación y soledad.

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Hoy te vi, no eras tú

Hoy te he visto, mi amor, ya sé que no eras tú; a ti y a mí nos separa un universo de dudas y malas decisiones, pero decidí por un instante que SÍ, que lo eras, soñar a veces es un despertar a una vida más cálida y real y, como ya te he dicho demasiadas veces, te echo de menos.
Estaba en una cafetería, mis acompañantes no dejaban de hablar, el ambiente exterior no invitaba a la fuga, solo coches y coches en una deriva de huida a ninguna parte, el interior del local no estaba mejor y yo, en ese instante, solo deseaba desaparecer, que llegara una nube gris y traidora y me tumbara de un certero rayo que reventara en mil pedazos mi corazón.
Y entonces, entre el humo y el sopor, vi que no te vi, miré sin haber mirado y allá estabas: más bella que nunca; dibujé en esa figura tus ojos (esos que no conozco) y me reflejé en ellos para estrellarme por unos instantes infinitos, le di a ella los labios que para ti reservaba y la palidez que en ti intuyo; ojos azules y rostro de cera, excelente visión para el ultimo día de un condenado a muerte.
Querría contarte que me sonrió, que se acercó a mí, que me rescató de mi pequeño y ciego mundo, pero no fue así, solo miró, intrigada quizá, al igual que yo, por una sensación de cercanía irresistible, fueron treinta segundos de latidos descontrolados y de miradas sostenidas y ,de pronto, se levantó y se fue.
Quise que mirara hacia atrás para ver su rostro por última vez, pero no lo hizo, cerró la puerta sin más.
Se parece a nuestra historia de amor ¿verdad?

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Esquinas desconchadas

(Casas amarillas en torno a la plaza roja)
Tanto y tan cierto, que ha roto el viento
En la esquina desconchada de la calle del desaliento,
Tierno y fiel, sentado y hambriento
Escucho las palabras con las que tientas a derribar mis cimientos,
Y así para siempre, del uno al ciento.
 
Abro a la angustia mi carne demacrada,
Absurda incongruencia, eterno abracadabra,
Tu pecho, mi almohada; tus labios, una morada,
En ti anclaré mi desgana y quizá mis venas desangradas,
Que, por no ser serenas, hierve la sangre que ya no llevan
Porque, a ti y muy dentro, te la he dado entera.
 
Quemas y, de llagas, mi alma laceras,
Atónito y melancólico entono lánguido,
Mil sinfonías desaforadas de un canto mágico
Que profundo y anómalo se confunde con tu halo,
Aliento inmaculado de rutinas carentes de encanto
Que ululan en lo que de ti parece más bajo
Silencioso, cadencioso y oscuro, pero enamorado.
 
Y a ti mujer, en tus entrañas, sur de tu vientre,
Aroma de mil aguas que se rompen y acarician,
Entretienen, fingen y lubrican el camino de mí huida,
Paraíso cálido, sumergido en tus brazos inertes
Mientras aletea en tu frente el embargo silente
De que, en la próxima aurora, dentro de ti estaré latente.

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Desde otra eternidad que no es la tuya

Aun recuerdas que me perdí en tus ojos; no lo reconoces, pero su azul cambió de brillo cuando me alejé de ti, eran tiempos de cambio y lluvias de abril; yo te quería y tu a mí sí, -¿Qué nos pasó?-.

Pero regresa la vida de la mano de este último amanecer, nos cruzamos en un carril equivocado, no debíamos estar…

El tiempo nos lo regaló, un pequeño triunfo del amor y del recuerdo, una caricia inexistente pero que envolvió nuestra piel calmando nuestra sed; ya puedes irte, ahora sé que te volveré a ver enredada entre las olas del ayer y entre el cielo azul y en los atardeceres de octubre cuando el frío congela, inoportuno, sentimientos y emociones.