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Siempre habrá besos de papel

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Pueblos de Cantabria, una foto de Pepín Balongo.

Las palabras del poeta no se pierden en el viento
Ni las desintegrará jamás una tempestad
Siempre habrá unos ojos tristes, o una mano temblorosa
Que roce el vientre de su amante, la más hermosa.

Alguien le hablará al mar
Mientras las traviesas olas rompen en su pecho
Y muy cerca un corazón se rebelará a gritos contra el atardecer
Porque no soporta que los jóvenes aprendan la agonía del éxtasis
Mientras fluyen de su sangre retoños de vid
Y su sudor huye de un cuerpo que pronto aprenderá a morir.

Y siempre habrá palabras bellas
Que recuerden besos furtivos en plazas desiertas
Engarzando labios sin sangre
Contra flores de carmín aun no germinadas.

Pechos que se extinguen en la distancia
Corazones bombeando amores imposibles que se llenan de yagas
Mientras levemente el silencio endulza sus almas.

Besos de papel que rompen en mohín de serpentinas
Que en su caótica deriva huyen de lo que no entienden.

Tormento infinito del abrazo nonato
Del que se escondió en la luna
Y que al volver sus pasos
Se pierde en la bruma porque,
Donde hubo pasión, solo quedan lagunas,
Tristeza infinita que, de carente, no es pura.

Es pesada la losa del que en la desgana se adentra
Rompiendo en su inacción la deriva del viento,
Es sutil la intención del poeta, de criptica parece rosa
Resolviendo atardeceres donde solo hay pasión dolorosa.

Intuyendo colores que de pasión desbordan
Mil rincones infinitos de esquinas hermosas
Que deslumbran de irreverentes
Lo que de la inacción no brota.

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Quebré mis alas contra las esquinas del cielo

PABELLÓN DE LA LECHERA TORRELAVEGA

Quemas de contradicción bella,
De aurora que se extingue
Y de viento calmo que roza la vela inerte,
Papeles de colores diseñando mil instantes,
De la vida, desniveles,
Mar eterno, camino de rosas durmientes.

Silueta cadente de lo que ayer no fue,
Disturbio incongruente del amanecer,
Atisbas ilusiones que no pudieron crecer,
Senderos de emociones perdidos sin querer.

Cuerpo que no roza cuerpo
Cadera sinuosa que curva su onda sola
Frente a los caprichos del tiempo,
Antojo de amplios matices quedos
Que hacen, de vida, suspirante silencio
Y de las palabras paisaje desierto.

Orillada ventana azul, luz y simiente de lo eterno,
Voz que se eleva y me dice,- hermoso tono sereno-,
Que todo lo que de ti me dolía era yermo
Y qué decirte te quiero era malgasto de aliento.

Vuelves, ruin maledicencia, a cavar surcos al alba
Para que la sombra de mi alma
Sienta que de la mía es extraña.

Muere quebrando tus alas contra las esquinas del cielo
Mientras se pierde en ello, sediento,
Todo lo que no me dijiste luego,
Y así entre montañas distantes, donde no lleguen tus ruegos,
Mueras de un fuego que prenda sereno
Y ese feliz dislate transforme tu naturaleza en infierno,
O a todos mis sueños en naderías robadas al viento.

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Quisiera morir en tu pecho

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Cerré los ojos y contemplé un pequeño barquito que navegaba por un mar inmenso que lloraba porque ya no era azul; cosas del pasado,-me dije-, y seguí soñando.

Quise pensar en la fluidez de la vida, pero no me dejó hacerlo el dulce sopor del sueño; ¿Dónde están las ballenas blancas y los delfines rosados de mi niñez?, ¿donde murieron mis recuerdos?, ¿quien puso coto a mi luz y emponzoñó mis deseos?

Y así, decepción tras decepción transcurre mi vida, hoy te hablo a ti, mujer encendida, nube de oro que engrandeces mi alma con tus lagrimas; no pude despedirme, -ni lo haré ahora-, prefiero sentir tus labios de seda y el color azul de tu mirada; morir en ti, sentir tu piel, navegar con mis dedos en el universo de tu cuerpo, aprenderlo de memoria para cuando me haga ciego, ciego de luz, ciego de despertar, ciego de cielo gris.

Quisiera morir en tu pecho, te lo dije mil veces, el viento entorpecía nuestro dialogo y lo rescaté de entre las nubes, haciendo de él mi reino; todo por ti, por sentir tu aliento, para que no muera nada que sea nuestro, necesito que siga viva la tinta con la que dibujo mi cielo, ese que tu habitas, ese que yo espero.

No quiero vida de hoy, otro espacio anhelo, sentir tu mirada, enredarme en tu pelo y, de eterno mirarte, hacer mío todo lo que de ti está quedo.

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No temas, son sólo recuerdos

Purpura es el desencanto porque, habiendo sido mía, ahora soy tu extraño; probé tus besos, en realidad los estrené, fue eso: una esencia equivocada que atrapó mi deseo y, de ti, me hizo preso.

Desde ayer, o desde un hoy muy lejano, me enamoré de un tiento, de un tiro al aire, solo fue eso: te adorné de rosas, dibujé tu pelo y añadí colores nuevos a todo lo que de ti inventé y ya no recuerdo.

Camino en un sueño lúcido, te llamo y te llamo desde acantilados contrapuestos a la rosa de tu viento; creo en ti sin haberte rezado, casi no te he tocado y ni mucho menos te ha rozado la anomalía enferma de este loco amor mío que nació ya extinto.

-Mira lo que te digo-:

Te quiero cuando te olvido y más aun cuando finjo estar contigo rozando una almohada que, de húmeda, ya no da cobijo, ni descanso, -solo frío-, es mi destino: porque sino sueño contigo sangro un liquido ya invicto porque, del corazón, solo me quedan resquicios.

Vuela lejos amor mío, créete que te olvido para que, al regreso, te llegue todo esto que aun te digo: aunque ya sea tarde y solo voltees a un sitio lóbrego y vacío.

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Esbozos

Uno

Somos mar y orilla, nube y lluvia y viento y brisa; tú lo sabes: a veces somos amor y, a veces, despedida.

Sutilezas

Estamos condenados a sudar frente a otros extraños y a besar los labios que otros nos prestaron. Vivimos separados por mares que, en realidad, son murallas de fuego y heridas abiertas por los que, antaño, se enfrentaron a un destino que, de amargo, a todos hizo daño.

El beso

Altanera tu mirada y sediento mi abrazo: serénate alma, no le digas nada y espera a que la tarde decline; así cuando el sol muera ella volteara su frente y, al encontrarte, quizá de pena sus labios tiemblen y quizá puede que, en un requiebro, bese los tuyos y la distancia se serene.

Osadía

Cercana osadía e imposible afecto, solo se de ti por el viento que, por las mañanas, de dulce se hace tiento y me regala el oído con las mil aventuras que contigo ha vivido.

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Háblale de mí a tu atardecer

Ayeres

Hoy como ayer me puede la vida, acento infructuoso e innecesario sobre recuerdos que ya sellaron en falso; pasión desbordada donde nunca hubo nada, todo lo más una fábula edulcorada por un almíbar amargo que fingía su esencia, -no era azúcar, no eras nada-.

Imposible

Se de mi, sobrevuela mi tiempo, ámame lejana, pero no digas nada; solo siénteme febril. Me enamoras aunque no adornes mi mirada, te quiero lejana e imposible, pero afín.

Sereno

Agrio es el desprecio del que, ebrio, pisó mis sueños y humanizo mi corazón que, siendo del cielo y mío no, jamás se hizo canción y se deshizo en miles de gritos indecisos en pos de un auxilio que nunca llegó.

Perder

Perdí mis sueños por pura ineptitud; fueron días de largas ausencias, de monótonos pasos y de lagrimas que ya no sabían a mar; te amo imposible porque solo de eso, de quimeras, viviré.

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El payaso que soñaba con princesas

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Duerme la plaza tras el bullicio, Una pequeña brisa solo encuentra purpurinas;
-Ya acabó la función-,
Hubo risas, bailarinas y muñecos de papel.

Pequeños recortes de cientos de amaneceres
Recorren el corazón de aquel payaso, a medio desmaquillar,
Que cuenta estrellas.

La última será esta,
-se dice a sí mismo-,
Pero siempre llega la más bella,
Y así gira la ruleta invisible de su dulce corazón.

La vida voltea mil veces sobre si misma
Quiere hacerle sonreír,
Pero el viejo payaso calla
Y rebaña en silencio la última cuchara
De una sopa fría que no quiere dentro.

Sonríen los niños,
-Le dice la vida-
Pero él se gira triste mientras ella le mira,
Te quieren los ángeles, tienes los dulces,
Y el viejo paraguas con el que asaltas las nubes.

-Pero, quiero a mi princesa-
¡Por fin hablas payaso!,
¿Aquella de mil dulzores y qué se viste de fuego?
-Sí, ella quedó dentro, pero no la encuentro-
¿Aquella que tú dices que nunca se ha enamorado del viento?
-Eso me dijo cuando me rozó con su aliento.-

Ven anciano, duerme en mi pecho,
Que en mi esquina se cobijan los viejos sueños
Para renacer en mil caricias de labios sinceros.

-Llegaron las de siempre-
¿Qué me dices?, ¿qué me susurras, -mi niño-, en silencio?
-Las que aplauden el infierno-,
Son almas desoladas querido bufón,
Viven de eso, de demoler estrellas
De robarte esos momentos, de envidiar a las que tú velas.

-¿La dejo ir?, ¿olvido a mi princesa?,-
¿Por qué dices eso, Clown?, ¡no te quites la nariz!
Regálale esa lagrima al viento
Y vuelve a sonreír que tu princesa soy yo, tonto,
Y tú, un viejo niño chiquitín.