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Desde mi terraza veo esta vida tan bella pasar

Panorama torrelaveguense, una foto de Pepín Balongo.
Panorama Torrelaveguense, una foto de Pepín Balongo.

Desde mi terraza veo la vida pasar
La dulce niña, su tierno amante,
Y el anciano al que le espera su mar;
Se dibujan niños que no saben llorar
Y abuelas que añoran su hogar

Desde mi terraza la vida dejó de amenazar,
Todo se hizo verano, madreselvas y paz,
Dulce monotonía de tus pasos, -te siento llegar-,
Tiñes el sol de rojo, -lo haces sin mirar-,
Eres corazón, fantasía, paz y mi libertad.

Desde mi ventana la lluvia cae plácida,
Aquella chiquilla se refugia
En el hombro del alma aun blanca
Que Le sirve de eterno paraguas,
Mientras ella llora lágrimas sonrosadas.

El anciano no se preocupa
Pronto será agua de sal, anhela su lejano mar;
Él, que es corsario, hacia el norte partirá,
Sabe que en esta orilla le ha llegado su final
Y que, al caer la tarde, volverá a navegar,
Un viejo timón, vientos portantes y deseos de volar.

Desde mi terraza veo la vida pasar
La dulce niña, su tierno amante
Y el anciano al que le espera su mar;
Se dibujan niños que no saben llorar
Y abuelas que añoran su hogar.

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Te sangraría el alma si por ella sangre navegara

Bien cerquita del cielo, una foto de Pepín Balongo.
Bien cerquita del cielo, una foto de Pepín Balongo.

¿Eres un sueño?, ¿un ideal que me produce dolor?
O una mujer que desea abrir sus poros a mi sudor,
¿Esencia de rosa o madreselva apabullante?

Soy vulnerable a las caricias de tus sentidos,
Al aroma rosáceo de tu intimidad,
Y al dulce aliento que presiento y no prevengo,
Madurez contra vida que estalla en llamas,
Libertad contra apabullante soledad,
Pero sin embargo te quiero, solo eso.

Si tú supieras que, si mi amor un palmo te rozara,
Te sangraría el alma si sangre llevara,
Si te entregara mis arrebatos, si entendieras mis deseos,
Dilapidarías mis reservas sin decir: -luego vengo-,
Contraatacaría tu desanimo derramando, sin saberlo,
Millones de latidos a los que no encontrarías consuelo.

Agonizo en los nichos que abre en mi alma
La sangre de aquel otro que navega y horada
La intensa oquedad de aquello de lo que la vida no me rescata,
Pero sin embargo se aleja y no lo alcanzo ni a tientas,
Todas imaginarias prebendas para no sentir que no siento nada.

Los primeros rayos de sol difuminan los atropellados latidos de mi ser,
Recuerdo de noche negra, aroma de ella, perfume de ti,
Sutil incongruencia impregnada de dulzura húmeda,
Pero cubierta de las espinas de lo que nunca llega, de lo que no llena,
Aunque mis venas estén llenas de la tinta que vehiculiza
Todo lo que desestructura mi alma,
Convirtiéndome en semilla cubierta de llagas eternas.

No comprendes de donde salgo, si muero o vuelvo,
Pero este dolor ciego que devora la morada
Donde duerme un corazón sincero
A besos alcanza tu mirada, aun de lejos,
Aunque tú de eterna digas que no sientes nada.

Vivo de luces y terrores prohibidos,
Como aquel amanecer desde una celda,
O aquella piedra que devuelve para siempre el río,
Como tu intimidad, cuando te dejas y no te dejas
Produciéndome una mueca grotesca
Que, sin ser de cera, mi vida desmadeja.

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Más allá de mis sueños, donde todo vale

Torrelavega
Lugares de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Escribo mientras duermes y coletean tus sueños,
Deja que pase, abriré de par en par el cielo;
De nuevo pregunto, ¿por qué este deseo?
Si de tener nada tengo,
Si por querer casi me pierdo.

Pero, descorre tu velo niña de fuego,
¿Cómo podría dejar de amarte?
Si me tiembla el aliento aunque de fuego sea mi aire,
Si derribas mis cimientos y, de mi alma, los cristales;
Si hasta le escribo en bromas al viento
Por ver si consigo olvidarte.

Llegará el otoño y el hará de mi espuma rastrojos
Y por puro antojo me robará mis deseos,
Pero mientras tanto creció por dentro
Algo que borró mis recuerdos
Escribiendo sonrisas donde ni siquiera había desconsuelo.

De puro borrar, borraré instantes,
Tantos como semillas condenadas conseguí derramarte,
Allá en los sueños, donde todo vale,
Necesito que tu amor de amor me mate,
Y que traspases las viejas espinas
Aquellas que entre sueños me angustiaren,
Cuando de pequeño me hice viejo
Cuando me grite y dije en parte:
Muere pronto, -muere tarde-,
Pero no quieras, no te late, olvida, nada vales,
Ya no te miran, no vale la pena mirarte.

Pero mi corazón chirría de nuevo, se rebela,
Fuegos artificiales donde antaño hubo naves
-De vacío desoladas y sin aire-,
Algo esperas, algo nace, no te arrebatan pasiones,
Pero buscas entre mares lo que mi amor consiente
Y en tus entretelas renace,
Aunque no comprendas porqué no puedes olvidarme.

De verte, de sentirte; -pequeña caricia, te hiciste suave-,
Esencia, gotitas pequeñas, como un río que se esparce
De agujeros chiquititos hasta grandes caudales
Que se ríen de los que rieron, -y dijeron-
-Este nada vale, pobre miserable-,
No sabían, de puro ciegos,
Que hasta el fuego hierve en mi sangre.

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Ventanas enamoradas que no dan a la mar

Torrelavega
Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Te vas de morir llorando,
Llegaste del mar suspirando
Y animando impávida
La suerte de aquel que no tiene dados.

Y hasta aquí he llegado…

Por un instante pienso qué a quién estoy engañando,
De tarde gris, a noche fulminante
En extraña soledad y carente de instante,
Quise recordar, trasladarme a un pasado delirante,
Buscarte a ti o quizá a mi mejor amante,
Pero solo encuentro mi balcón y un sombrío presente errante.

Extraño poema, extraña composición pensaréis,
Pero es que no sé lo que es,
De prosa pudo haber nacido, pero cuento no es,
Y de cierto, sincero, que poema tampoco fue.

Asomado, cigarrillo de hastío apagado,
Gris, morriña, y ventanas, -ni una estrella-
¡Y me prometiste mil!

Al final de mis retinas siempre lo mismo,
Aquella mujer planchando que mira al cielo, quizá rogando,
La vieja cotilla que lleva mil gestos apuntados,
Y la misma nube que pasa, pelos alborotados.

Qué absurdo, cuánta vida en mis poemas,
Cuanta mentira de verdad, y al final
Vacio y soledad, las misma miradas,
La misma gente que siempre veré pasar.

Puentes traslúcidos que, de fingidos, parecen turbios,
Corazones dibujados en papel invisible
Y viejas canciones llenas de fe,
Eso es lo que tengo, esto es lo que soy,
Eso es lo que tendré, escribo sobre lo que siempre quise ser.

Pero al final de una esquina
De su sonrisa sé que brilla aquella nueva princesita
De ojos de piel y azul infinito
Y la vida vuelve a rodar,
Una esperanza y un ruego al viento para volver a navegar.

Durará un segundo porque, después al llegar,
Alumbrará un amanecer de verdad y tú volverás a pasear,
O aquella cajera del bar, o quien se atreva a mirar,
Y el sol renovará su brillar.

¿Eso es amar?, ¿esto es soledad?
Si Dios me dio la vida
¿Por qué no voy a amar aunque no sea de verdad?

Y así voy llenando la vida,
No se lo digáis a nadie, estamos en familia,
Es fin de semana y los demás no vendrán,
Dejadles que piensen que soy ola
Cuando en realidad no llego ni a ser golpe de mar.

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Un trocito de cielo para los corazones decepcionados

torrelavega
Dos miradas, una foto de Pepín Balongo.

Trozos de corazón desperdigados que no significan nada,
Espumarajos de mar cubiertos de espadas que ya no son lo que fueron,
De verde contraste, delirantes anhelos,
Buscando explicación, quizá consuelo,
A lo que no existe, a lo que ya no está entero.

Decepción a decepción trascurren mis sueños,
Pesadillas de fingimientos, infierno y lamentos,
Sustento de miedos, fueron por ti, fueron mil cientos,
Todo murió al amparo del calor de tu fuego,
De suave fue nada, de sentido se hizo eterno.

Maldito corazón, de dulzuras me engañas, de pasión me estremeces,
Me otorgas alas y a cambio me pides el alma,
Pero, de la pura contradicción, me engañas y me meces,
Suave y altiva, milimétrica duda que de fuerte se hace cimiento,
Sin coro de ángeles, solo tercios de renglones torcidos
Que parecen sentimientos, pero albergan sospechas sin procurar alivio.

Sé lo que siento, pero es frío, puede que vacio,
Pero me entrego porque quizá no sepa a beso, pero me mantiene vivo,
Como un trozo de pan si me siento hambriento,
O agua de rio, si de sangriento o mugriento o quizá solo sediento,
Se empeña mi vida, la que sabe a viento,
En vivir otra vida plena de anhelos,
En la que no crea que haya muerto.

Si desaparezco y a la vez me quedo,
Si me pierdo de puro ciego y en silencio,
Si aguanto y de mareas soy sustento,
Si nunca finjo lo que no siento,
Si solo busco abrigo,
Si en el fondo solo ruego porque, por vivir, nunca he vivido.
Si en el fondo solo quiero soñar contigo.

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Yo soy así, es mi forma de ser

torrelavega
Calles de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Soy ave de paso y apeadero de mil almas,
Refugio seguro y cruce de caminos,
Dulce crepúsculo y león de invierno,
Tierno y dulce, áspero y seco,
A veces huracán y casi siempre trueno.

Ansío la paz y la cordura
Y la locura y los sueños,
Detalles nimios del corazón inquieto
De un hijo del mar, que teme su misterio.

A veces soy hielo, y otras fuego,
Me enamoro de una hoja que mece el viento,
De la ola que no rompe y del cauce de un río seco,
Pero cuando tintinean los ángeles,
Y mi amor es carne y hueso,
Mi corazón moldea las estrofas de mil versos.

Pierdo y gano, pero nunca juego
Aunque mi alma dude si lo que oye es un lamento
O se trata de una rosa
Que ya no se muere por dentro.

Soy sublime sinfonía y distorsión delirante,
Cuerda de guitarra y arpa abandonada,
Guijarro en el camino o paseo de estrellas,
Galaxia acompañada por un solo planeta
Que espera a su cometa.

Acaricio el silencio o montes eternos,
Pieles tersas y mechones de cabello
O recuerdos olvidados de un viejo tiempo
En que amores imposibles dinamitaron mis cimientos.

Es difícil renacer tras mil veces muerto,
Recorrer aquel sendero sin la ayuda de otro cuerpo,
Sin una mano que roce el temblor de mis caderas
O los latidos de mi pecho,
Deseos contenidos que separa el universo.

Vivo en el arco iris y la nube gris,
Soy lluvia que cae sobre un niño pequeño
Y que moja a los amantes que aun no han pagado su precio.

Puedo ser el necio que se embelesa
Ante una falda de colores que se rinde al viento
O el fiel enamorado que muere pensando que con él se irán todos sus sueños.