emociones·Fotografía·Fotografía conceptual·poesía

Cuando lo sensual se suicida de hastío

Intento aferrarme a ese pequeño resquicio de cordura
Que sobrevive acurrucado en algún lugar de mi alma.
Es eterno el castigo del que retuvo en sus entrañas el néctar eterno,
Aquel que se perdió en conductos inservibles repletos de ponzoña,
Sendero de eunucos, semilla lisiada, de vacía mutilada
Cuando una bobina oxidada profanó su esencia.
Recuerdo tus manos, receptáculo de pasión envuelta en sangre,
Palmas invisibles, de tacto suave, sembradas de vida
Mientras, bajo el carmín apagado de tus labios,
Resbalaba el deseo recién descubierto
Soslayando un camino quizá más cálido.
Voluptuosidad hedonista que se refugia en turgente raso
O en negro satén, o en humilde algodón,
Pechos en flor retenidos por raídas alambradas
Asesinas del ardor, pétalos sin emoción,
Lirios rotos por el arrebato de un engaño
Dulce embaucamiento que abraza desengaños.
Es firme el tallo al que amenaza la herida lasciva,
Es suave el aliento de la doncella recostada
Que explora en mil lamentos
Pieles abiertas sin llagas doloridas.
Lúbricos nenúfares contemplan la escena
Mientras lágrimas de cristal su dulce danza alteran.
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Cuando no me miras me abrazo a tus sueños

(Foto: Pepín Balongo)

Cuando no me miras le hago preguntas al cielo
Y él, que no sabe que decirme, se viste de fuego
Castrando la sangre que no sé qué llevo dentro.
Eres grillete de papel que sabe a hiel,
Madeja de piel ennegrecida y granulado tacto
Espejo de mil dudas, cadera de ojos cerrados,
Dardos que condicionan al hielo de entreabiertos labios
Anulando su frio, desgobernando mis manos.
Absurdo matiz, rueda sin fin
Que gira excéntrica
En círculos arrítmicos
Que sueñan ser concéntricos.
Agudizan, cónicas, esas estructuras de sabores amargos
Que triangulan las dudas de ausentes ánimos embargados,
Inquietud de la súplica, deslizante y sutil a ratos,
Levedad de aguas de un charco que inocula recuerdos,
Atrayendo sinsabores de lo que ya sabes que ha muerto.
Relleno de aire que, sin dejar de ser nube,
Su oxigeno deshace
En un contraste innombrable de lo que dentro no late.
Cuando nadie me ve rehúyo caricias
Y mis piernas graníticas
Reniegan de lo que intuye que arde
En sus norteñas orillas.
Lagrima de eunuco que finge ser semen,
Acercamiento sangrante de la mujer infértil,
Negación de placeres, instantes breves,
Todo por un sueño de emociones fuertes
Que ya muertas nacieron y se hicieron ausentes
Sin ser pasiones y ni siquiera breves.
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El payaso que coleccionaba recuerdos de todas sus dulces guerras

Si de mil razones elijo una, me quedo con la más pura,
Con la que, de dulce, parece aventura,
Y sereno reflejo en los recuerdos, amarguras,
Pero no de una vida absurda y dura
Sino aquella del que te ama cubierto de piel huesos y legañas
Y al que, aun por las mañanas, diseña entre el frio
Una mar sin ventanas reteniéndote en sus entrañas.

De tal parece que navego sin rumbo,
Nortes que son oeste, este que se confunde
Y desembarca en la luna, o en aquel iluso Saturno
Que cubrió mi rostro de lágrimas
Y que ahora ondea y reina en la duda
De las palabras vanas que, de creer,
Hacen que no creas en nada.

El sur parece lejano, justo al otro lado de mi mano,
A mi noroeste le intuyo, creo que hasta le sostengo,
Pero de mi norte ni me entero,
No lo parece, pero soy sincero,
Más que aquel lucero que, ya cuando nace, es eterno.

No lo creéis pero aquí soy gélido, vacío de sentimientos,
Acabado payaso que colecciona recuerdos de mil dulces guerras
Que jamás sentirá pero que, quizá, ya lleva en sus venas
Porque, tras su alma gris, se esconde un príncipe de apabullante seda
Que aunque se quedó en rana coqueta,
Sabe que allá, donde siempre busca, le espera una princesa
Que quizá no le dé un beso, pero sí le acercará sus labios de fresa.

Si mi corazón late, si mi vida es espera,
De esto es que nace, de este deseo se eleva.

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Jamás se vio una sábana fría donde antes durmió el amor

Soy agua atrapada en un viejo bidón oxidado

Que cuando refleja estrellas sueña con ser océano,

Y tú el caudal del río por el que he de navegar

Si consigo hacerme gota que atraviese el metal.

Ojos de miel, eres el sol que nace venciendo a los luceros

Y yo el que muere en el mar despidiéndose del viento

Como la Brizna de un pequeño guijarro que mueve la brisa,

O el agónico lamento del que expira sin caricia.

No puede haber otoño si no reinó antes la primavera

Ni jamás habrá lluvia sin nubes, ni granizo sin frio

Pero, sí días de verano con noches ateridas

Y tórridos inviernos que calman las heridas.

Tampoco puede haber mimo sin labios

Ni amor sin amantes, ni caricia sin rubor

No se vio sabana fría donde antes yació el amor

Ni gota de sudor ardiente sin tierno beso en la frente.

Febril es la ropa de la que se despojan los que adoran,

Y volcánico el deseo que arde en el vientre

A causa de dos miradas dulcemente enamoradas,

O el deseo ardiente de un abrazo inocente.
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A ti, que te disuelves entre mis dedos

Rincones de color, una foto de Pepín Balongo.
Rincones de color, una foto de Pepín Balongo.

Préstame un rinconcito,
Aun no sé si cerca de tu alma,
Sí de tu vestido o quizá de tu almohada,
Todo por besarte y sentir tu boca,
Lejos, cerca o tarde, locura insondable
De abrazarte, tenerte, acariciarte.

Dime cuando la luna visita los pliegues de tu falda
Por si acaso miro y no te digo nada,
Por si rezo cuando pasas por mi ventana,
Por si huye de mí alguna lágrima,
Por si la desgana disipa el mañana.

Morir frente a ti, delito de emoción
Suicidio, pasión, sentimiento remoto,
Mis manos desbaratan la ausencia
Deshilvanando pedacitos de corazones rotos
Que te robé, me robaste, y si así no fue, lo pareció un instante,
Dime, miente, finge, aunque solo sea un poco,
Si la orilla del olvido fue, o no fue, mi destino loco.

Mi aire está cubierto de retazos de sudor,
Esfuerzos por retenerte a expensas de una flor,
Me da igual norte, sur o cierzo
Solo sé que, de necesitarte, eres mi viento
Y, lo que por dentro me pudre,
Es un cielo que se extingue en silencio
Y se me va entre los dedos.

Fotografía·Fotografía conceptual·prosa poética

Tus ojos, de verde infinito, jamás lo sabrán

Hoy he rozado tu recuerdo, tu piel y tus miedos; me acerqué despacio, no despertaste, y acaricié -de  puro instinto- algo que en ti dormía y tu desconocías; y que yo intuí desde el primer instante en el que, dinamitando mi rutina, te colaste en mi vida.

Tus labios temblaban y también lo hacían mis labios y las sabanas alborotadas que, presintiendo mis caricias, recordaron aromas de mil noches perdidas y otras tantas lloradas.

Tu olor, tu pecho ansioso y tus ojos de verde despertar, –Dios mío, cuánto los amo, me saben a mar-,fueron testigos de cómo tus dedos invitaron a los míos a un juego de entrelazado esperanzado; amor de volcán y de luna llena, de luz apagada y de estrellas en llamas.

-yo contigo y tú mi amada-

Quería enamorarte y tú, -que no me conocías-, ya lo estabas y tu vientre palpitaba y tus piernas, y también  lo hacían  tus lagrimas.

Llegué a ti de muy lejos, de un futuro incierto, y tú, la que eras mi pasado, te hiciste presente y vestiste mis noches de colores ardientes.

Yo frente a ti: niebla entre montañas, deseo inocente y una duda que me habla y me pregunta y me fuerza a un -ahora o nunca- porque eres mi última oportunidad.

Solo deseo sentirte y mirarte de frente como lo hace una pequeña flor que espera al amante ausente; y la vida, de mientras, da mil volteretas azules: te amo en tu futuro, me amas en tu pasado, pero nos falta el presente.

Estoy aquí, cerquita de ti, tanto que mi aliento iluminaría el verde de tus pupilas para que tus ojos claros cedieran este color a una esperanza que ya jamás volverá a morir entre mis manos.

Deja que te enamore, permite que te ame: -hazlo, por favor-, porque tú jamás lo sabrás; quizá lo intuyas, pero no veras mis lagrimas y tan solo desearás dudar.

Te acompañaré en el camino un pequeño trecho; lo haré a tu lado, con pasos quedos para que no me veas mientras juego con tu pelo y acaricio tus labios para sentirme pleno.

Más tarde yo partiré y tú me recordarás, -te prometo que lo harás-: será cada atardecer, justo en la puerta de atrás de tu corazón; allí sentirás el millón de besos que te he conseguido robar y los tuyos, ya huidos, que me salvaron de naufragar.

Nos amamos, amor mío; pero tú jamás lo sabrás.

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¿Dónde fueron a parar los besos que jamás te di?

¿Dónde fueron a parar los besos que jamás te di?, mis labios a veces los rozan en días de frío amanecer, como cristales sin gotas de lluvia, cielo sin estrellas o abrazos moribundos que el viento recoge de viejos cruces de caminos, o de estaciones ya abandonadas.

Son cosas de la vida, pequeñas muertes que nos separan y que arrasan nuestras vidas que, quizá, pudieron ser de verdad y no fingidas ni huidas.

Paseo por alamedas blanquecinas pero ¿Dónde están tus manos? -¿Porqué intuyo frio tu regazo?- Pero el sol de mayo no me contesta, es huraño; aunque sí lo hacen los ojos de un solitario que sueña con disuadir a las aceras que se niegan a volver a ser pisadas porque ya se mueren de pena.

Huelgas de la vida plena, brisas sin sonrisa y lágrimas rotas de nostalgia y malheridas. Amores de un pasado que vuelve y me abraza; calor de hoguera que ya fue apagada por los latidos mortecinos de cientos de días sin mañana.

Tu y yo, dos vidas que se apagan y, en sostenido cauce, el río que no baila porque ya no hay piedras mal tiradas, ni promesas formuladas.

Bésame, rompe el techo del cielo, dinamita el universo pero, -bésame cielo-, sin ti me muero: y así año tras año viviendo de un recuerdo, muriendo por no evitarlo y anhelando un abrazo que, del cielo, siempre será negado.