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De lágrimas y almohadas

Son dos filos de una daga que hace daño, que no ama,

Finge vida, gime y engaña, pero no es nada

Quizá, a lo sumo, sea lágrima de almohada

Que no calma, que se encalla, que muere sin alma.

Soy, sigo siendo, una sombra de belleza inusitada

Pero estoy podrido entre llagas y podridas zarzas,

Abrumado de nostalgia siento el aleteo de tu enfermiza fragancia

Porque eres lo que ni soy, ni siento,

Perdida esperanza, torpe alimento y prometido tormento,

Todo ello era bello, no lo sabía pero era cierto:

Vivir es especular con números, estrellas y corazones muertos.

Equivocarse es dar mil vueltas a un pensamiento anómalo,

Tú y yo de la mano, ¡te pido tanto!,

Me pierdo en naderías, diviso tus entreabiertos brazos,

Un beso a tacto, labio con labio, y como siempre un gesto vano,

Ninguna caricia, ningún abrazo.

Soy todo eso, pero para ti no valgo,

Camino a tu lado, fuego en el fango,

Bordeando canales nevados, de gris perlados

Cenicientos, como tu rostro,

Inusitado despropósito, él también quedó roto,

Cómo yo, cómo mi mundo, cómo tu espíritu ignoto.
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Quizá sea mi loco corazón el que habla

No aguanto más, deseo pasear, sentirme a solas frente a la mar,
Y olvidar, olvidar, olvidar…,
Hoy no quiero mujer, ni con rostro ni sin él,
Solo vivir sin necesidad, ni de besar ni de acariciar,
Doy mucho, dar todo, tanta pasión para no recibir nada
O acaso rastrojos, desidia o desgana..
¿Es ficción?, ¿son recuerdos?
No indagues amiga mía, es mi corazón que habla,
O eso, o nada,
Te tengo, recojo las alas y en pleno vuelo las despliego sin miedo
Así hasta el infinito cercano de tu rostro,
Ese que no recuerdo.
Aunque te siento, muy dentro, quizá en el centro
De un millón de estrellas que han escapado de un viejo cometa
Huyendo de un incierto lamento
Que tú conoces y yo presiento,
Te busco y no te encuentro, te echo de menos.
Alzo la mano, temblorosa, pero altiva,
Y te navego muy dentro aunque tú no me ves,
No soy un alma caritativa,
Pero reniego de esta y de mil vidas en la que tú no estés.
Por eso caminaré sobre una arena fría y cubierta de sueños,
Esos que te presté y que no viste bajo tus pies,
Para así poner mi alma del revés.
Entonces robaré viento, espuma y un trozo del amanecer
Para mirar al sureste y decirte bajito, o quizá a gritos,
Que no estás, que te necesito,
Y que puede que hayas sido la última mujer.
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Besos de papel

Las palabras del poeta no se pierden en el viento
Ni las desintegrará jamás una tempestad
Siempre habrá unos ojos tristes, o una mano temblorosa
Que roce el vientre de su amante, la más hermosa.
Alguien le hablará al mar
Mientras las traviesas olas rompen en su pecho
Y, muy cerca, un corazón se rebelará a gritos contra el atardecer
Porque no soporta que los jóvenes aprendan la agonía del éxtasis
Mientras fluyen de su sangre retoños de vid
Y su sudor huye de un cuerpo que pronto aprenderá a morir.
Y siempre habrá palabras bellas
Que recuerden besos furtivos en plazas desiertas
Engarzando labios sin sangre
Contra flores de carmín aun no germinadas.
Pechos que se extinguen en la distancia
Corazones bombeando amores imposibles que se llenan de yagas
Mientras levemente el silencio endulza sus almas.
Besos de papel que rompen en mohín de serpentinas
Que en su caótica deriva huyen de lo que no entienden.
Tormento infinito del abrazo nonato
Del que se escondió en la luna
Y que al volver sobre sus pasos
Se perdió en la bruma porque
Donde hubo pasión solo queda lagunas,
Tristeza infinita que, de carente, no es pura.
Es pesada la losa del que en la desgana se adentra
Rompiendo en su desazón la deriva del viento,
Es sutil la intención del poeta, de criptica parece rosa
Resolviendo atardeceres donde solo hay pasión dolorosa.
Intuyendo colores que de pasión desbordan
Mil rincones infinitos de esquinas hermosas
Que deslumbran por irreverente
Lo que de la inacción no brota.
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Lloverá en tu valle vacía, pero no me verás

Llueve la tarde, plaza vacía,
Gotas cálidas de otoño que se visten de neblina,
Paz, brisa serena, unos pasos vacilantes
Y dos niños que juegan, es la vida plena,
Esa que hoy me guía, esa que hoy me llena.
El tiempo hoy relativiza mi latente caída
A los abismos de la estertora levedad
Porque en la cegadora oscuridad de esta noche
Tu voz vibró en las entretelas de mi libertad.
No fue un murmullo,
Sentí la caricia de un suspiro en mi pecho,
Pero mi piel no te rozaba, ni profané tu blancura
Y esta certeza calmó mi indecisión y desplazó la amargura
Mí alborotado cabello se estremecía,
Mientras mis labios suplicaban temblorosos
La querencia invisible de tu enamorada presencia.
Un sentimiento, sangre que riega las venas
Derramando sentimientos que alteran y ciegan;
Ayer comprendí que podía amarte
Y hacerlo de lejos, sin que la conciencia me delate.
Lo que tú me ofreces no se pierde en el viento,
Se queda en mi pecho,
Abrupta melodía inconclusa
Que me engarza a tu recuerdo.
Puedo sentir el aroma de tu pelo
Y dibujar tus labios sin miedo al pecado,
Es un instante mágico, un impulso cálido,
Un deseo imposible que se mudó a fácil,
Fuego renovador que germina
En rincones que la vida ha olvidado.
Luego silencio,
Entrega confiada de un corazón abierto,
Y el cielo seguía estable, no mi cuerpo,
Que se disolvió en éxtasis sin oscuro deseo.
Terremoto en las estrellas, colisión en los infiernos,
Olas gigantes que se adentran en un cielo abierto,
Suena criptica mi alma, porque sabe lo que siento,
Mil palabras, un te quiero…, no hay lamentos.
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Belleza y ausencia

Nostalgia de lo que nunca ha existido
Recuerdo de un abrazo que jamás sentí,
Tacto de una piel sin pasado,
De un sueño no añorado
Y de un beso que me supo a viento.

Anillo de fuego que no une promesas
Miradas furtivas dirigidas a la nada
Huracanes que brotan de un horizonte azul,
Azul de tu esencia, aroma que no embriaga
Pero arde en mis sentidos cuando tú me amas.

Caderas distantes que bailan al unísono,
Torpe acercamiento de una infancia jamás perdida
Anhelo infinito de volver a vivir.

Sudor de mil calores que en el fondo solo son hielo,
Manos que se enlazan ante la triste mirada
De una marioneta rota que perdió su futuro.

Se ríe el bufón del volcán enamorado,
Entorpece a propósito el rugir de su lava
Pasión que enloquece a través de las lágrimas.

No cree el recio árbol en el olvido
Mientras la pequeña flor se cobije en su sombra,
Su tronco no la toca pero los dos se adoran.

Risas lejanas que resuenan en un alma distante
Ella se emociona, consuela su tormento
Y recoge su pelo espantando su lamento
Corriendo al encuentro de una esperanza,
Quizá su último aliento.

Dos mares, dos instantes,
Y entre ellos un desierto de infinitos guijarros,
Si intentara atravesarlos me hundiría en el lago de la tristeza
Mis malheridos sentimientos no soportarían la prueba.

Solo la distancia, la que jamás envilece,
Calma la amargura, contradictoria ventura
Pues en ella yo soy tuyo y mi alma es tuya.