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Ventanas enamoradas que no dan a la mar

Torrelavega
Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Te vas de morir llorando,
Llegaste del mar suspirando
Y animando impávida
La suerte de aquel que no tiene dados.

Y hasta aquí he llegado…

Por un instante pienso qué a quién estoy engañando,
De tarde gris, a noche fulminante
En extraña soledad y carente de instante,
Quise recordar, trasladarme a un pasado delirante,
Buscarte a ti o quizá a mi mejor amante,
Pero solo encuentro mi balcón y un sombrío presente errante.

Extraño poema, extraña composición pensaréis,
Pero es que no sé lo que es,
De prosa pudo haber nacido, pero cuento no es,
Y de cierto, sincero, que poema tampoco fue.

Asomado, cigarrillo de hastío apagado,
Gris, morriña, y ventanas, -ni una estrella-
¡Y me prometiste mil!

Al final de mis retinas siempre lo mismo,
Aquella mujer planchando que mira al cielo, quizá rogando,
La vieja cotilla que lleva mil gestos apuntados,
Y la misma nube que pasa, pelos alborotados.

Qué absurdo, cuánta vida en mis poemas,
Cuanta mentira de verdad, y al final
Vacio y soledad, las misma miradas,
La misma gente que siempre veré pasar.

Puentes traslúcidos que, de fingidos, parecen turbios,
Corazones dibujados en papel invisible
Y viejas canciones llenas de fe,
Eso es lo que tengo, esto es lo que soy,
Eso es lo que tendré, escribo sobre lo que siempre quise ser.

Pero al final de una esquina
De su sonrisa sé que brilla aquella nueva princesita
De ojos de piel y azul infinito
Y la vida vuelve a rodar,
Una esperanza y un ruego al viento para volver a navegar.

Durará un segundo porque, después al llegar,
Alumbrará un amanecer de verdad y tú volverás a pasear,
O aquella cajera del bar, o quien se atreva a mirar,
Y el sol renovará su brillar.

¿Eso es amar?, ¿esto es soledad?
Si Dios me dio la vida
¿Por qué no voy a amar aunque no sea de verdad?

Y así voy llenando la vida,
No se lo digáis a nadie, estamos en familia,
Es fin de semana y los demás no vendrán,
Dejadles que piensen que soy ola
Cuando en realidad no llego ni a ser golpe de mar.

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Vientos de agua y lágrimas del corazón

torrelavega
Rincones, una foto de Pepín Balongo.

Viento norte que me empuja hacia el este,
Una pequeña barca y, como velas,
Costurones y sobras de hilo de oro para corazones rotos.

Me he perdido en calma chicha, sin horizonte, rumbo estancado,
Tampoco te oigo, solo olas que, como yo, se quedaron sin fuerza,
Y creo que hasta mi rima es ajena.

Voy un minuto por delante de la vida,
Siendo eterno vendaval de mil silencios y heridas,
Golpes de rocas que disuelven cristales rotos,
Demasiados latidos de sangre desperdiciada, dulce alboroto
De ciegas semillas que se abren paso
Sin ser conscientes de que se estrellarán contra un sueño loco.

Pero luego camino, oriento un poco mi destino,
Y me esperas, aunque no seas tú, confundo mis delirios,
Y me entrego,
Entonces de tranquilo río
Trasmuto en mil océanos de fuego que no comprendo,
Se lo que busco, aunque no me entiendo,
Tú tampoco, yo creo,
Pero de mi armonía eres consuelo y de mi cordura impedimento.

Solo te pido tus alas y del temor hago un ruego,
Porque, de marchito, mi cuerpo no tiene sentido
Si en él no aletea la sombra de tus mimos,
Esos que no comprendes, esos que te hieren,
Y aunque reniegas quieres y no quieres,
Porque tu alma también es infierno,
Ves belleza donde debía haber solo miedo
Y de nuevo no comprendes, no entiendes mi verso.

Lo disfrazas de ternura lo sé,
Temes derribarme de un certero disparo a un corazón muerto,
Sabiendo, asumiendo, que jamás recuperaré el vuelo,
Pero yo no, mi cielo, soy una y mil veces Fénix,
Por eso me arriesgo y me entrego de nuevo,
Jamás dejare de buscar,
Sé que entre las tinieblas encontré luz y la quiero recuperar.

Corazón recio, pero nunca veleta,
Sabe equivocarse y rebelarse ante un alma inquieta,
Hiere profundo, hiere dentro
Y pide poco aunque te pida el universo.

Por eso hoy giro el timón hacia la derecha,
Buscaré nuevos horizontes,
Voltearé los vientos del Suroeste princesa,
En el Este estoy solo y de doler ya me aterra.

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Las estrellas giran hoy alicaídas, solo sonríen si las miras

torrelavega
Zona de vinos de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Las estrellas hoy giran alicaídas
Te sonríen si las miras,
Pero me duele el esfuerzo de mirar
Hacia donde quizá ellas no debieron estar
¿Comprendes?

Nada está en su lugar, ni tú, ni mi edad,
Ni siquiera la soledad cuando la quieres esperar,
¿Y cuándo es el aire el que llega tarde?

Entonces al primer desaire
Agarro la vida y pierdo el combate
Porque, como siempre, mientras transcurre
El lento sopor de la debacle
Me dejo en el embate un juego de pulgares
Que de puro fuego condenan
A perderte, verte alejarte
Y como siempre olvidarte.

Te veré dar media vuelta a la plazoleta de mi vida,
Girando al verme la cabeza siempre atrás
Por no mirar mis ojos que, sin ser de mar, tienen mucho que dar,
Pero no querrás amor, me hablarás de libertad,
De esa que anhelas, de la de aquel que esperas.

Te quedas su recuerdo y estropeas mis alas
Y como siempre: recogerlas, solo eso,
Pero entorno mi cuerpo
Y, de puro asombro, estremezco,
Vuelves a mi encuentro y pienso y rompo,
Me muerdo el nervio,
Y pregunto, respondes, y todo vale.

Girando, girando, cascarillas metales
Que, al amanecer, empujados por el viento
Se clavan en mi pecho.

Y de nuevo todo vale
Y de así hasta que el infinito se acabe
O mi vida de silencio se salve.

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Soñé que soñaba contigo y con mil juegos del viento

paisaje, cantabria
La puerta del cielo, una foto de Pepín Balongo.

No reniego de ti cuando siento tu pecho
Escucho latidos y ruego tus besos,
Pero solo es dulce embeleso, me apresa tu silencio
Regresando con él la ausencia y el triste desvelo.

No puedo, de verdad, no puedo…

Juegas que sueñas conmigo mil juegos de viento,
Huracanes altivos que sientes tuyos y míos y tratas de eternos
Sin saber que no sabes que, quizás de puro sueño, dejaré de ser tierno,
Desbordas mi alma de trozos de suelo
Con intención de pisarlos
Sin saber que cubre sus costuras torcidas con otros millones de sueños.

Preso de mi palabra estaré junto a tu aroma
Pero tratarás, buscarás, rogarás e incluso llorarás
Pero no me tendrás,
No volveré a regalarte sonrisas que el cartero me devuelva podridas,
Esas de goma que, como caricias sabiendo a broma,
Son más que las delicias que desde otro vientre en tu vientre explotan.

No se ganan las batallas que mis manos no exploran,
Ya no sientes de noche en tu piel, ni en sus poros, ninguna calidez
Porqué yo me fui ayer, ya no estoy, vuelvo a estar aquí
Con un corazón de menos, pero otra aventura que vivir,
Y así rueda la vida, te lo dije a ti,
Pero tú, empeñada en fingir, no me quisiste oír.

Te miré, te sentí, te esperé, me hice pequeño y maduré
Pero retrocedo princesa, mi mente flaquea
Y aquel viejo fuego ya extinguió de mil esperas.

Son demasiadas razones, pequeños engaños, insanas cavilaciones
Que, de puro absurdo, dinamitan hasta la rima más bella
Desgarrando mis sentidos de lo que ayer capturé
Y acaso de mis deseos ahora pierda.

De no comprender te sientes difusa, lo sé,
Pero de agónico agotamiento he de apartarte,
Me cansé de inventarte, de no besarte, de volver a encontrarte,
De jugarme, de perderte y siempre condenarme.

¡Basta ya, nube bondadosa!,
Mi corazón ya no necesita tu lluvia, me entregaré al próximo amanecer
Necesito cielo azul y no murmullos lejanos,
Tus juegos me aburren, ya no me sostienen,
Ellos destruyen lo más bello y mejor de mis venas
Convirtiéndome en el semen inútil del que ayer, bendito ayer, cantó Sabina.

Yo árbol próximo a caer indefenso ante tu deriva,
Mientras por ti vienen y van mil hombres de colores,
Unos hermosos, otros distantes y la mayoría fieles,
Pero yo soy el último, el que más quieres,
Pero el que menos te duele.

Me sientes fuerte, dices que soy tu roble,
Pero desespero marchito por no hacer reproches,
Tú lejos y la lluvia, de mientras, empapando mis desechos
Y al tiempo tu sonrisa brillando en otros universos,
Ahora me callo, ya me marcho, me aburrí de suspirar.

Viento del norte que viajas al sur habla con mi amor y dile que…,
Mejor no le digas nada.

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Siempre habrá besos de papel

cantabria
Pueblos de Cantabria, una foto de Pepín Balongo.

Las palabras del poeta no se pierden en el viento
Ni las desintegrará jamás una tempestad
Siempre habrá unos ojos tristes, o una mano temblorosa
Que roce el vientre de su amante, la más hermosa.

Alguien le hablará al mar
Mientras las traviesas olas rompen en su pecho
Y muy cerca un corazón se rebelará a gritos contra el atardecer
Porque no soporta que los jóvenes aprendan la agonía del éxtasis
Mientras fluyen de su sangre retoños de vid
Y su sudor huye de un cuerpo que pronto aprenderá a morir.

Y siempre habrá palabras bellas
Que recuerden besos furtivos en plazas desiertas
Engarzando labios sin sangre
Contra flores de carmín aun no germinadas.

Pechos que se extinguen en la distancia
Corazones bombeando amores imposibles que se llenan de yagas
Mientras levemente el silencio endulza sus almas.

Besos de papel que rompen en mohín de serpentinas
Que en su caótica deriva huyen de lo que no entienden.

Tormento infinito del abrazo nonato
Del que se escondió en la luna
Y que al volver sus pasos
Se pierde en la bruma porque,
Donde hubo pasión, solo quedan lagunas,
Tristeza infinita que, de carente, no es pura.

Es pesada la losa del que en la desgana se adentra
Rompiendo en su inacción la deriva del viento,
Es sutil la intención del poeta, de criptica parece rosa
Resolviendo atardeceres donde solo hay pasión dolorosa.

Intuyendo colores que de pasión desbordan
Mil rincones infinitos de esquinas hermosas
Que deslumbran de irreverentes
Lo que de la inacción no brota.

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Tus dudas son la tinta con la que escribo estos versos

torrelavega, plaza mayor
Soportales de la plaza mayor de Torrelavega, una foto de Pepín Balongo.

Lo que otros llaman tus aguas turbias
Son la tinta con la que escribo esos versos,
Pero tú no lo sabes, me crees cobarde
Pero no sabes que mi semilla llegó, aunque tarde,
De prestado y entre dolorosos trances.

Crees seducirme, me sientes a tus pies
En el pedestal de mis deseos,
Pero no es eso, porque te siento muy dentro
Mientras camino y espero en la vereda de tus sueños
A que tu corazón se rinda, a que me hagas un ruego
El día que comprendas que tu amor por mí será eterno.

Quizá comprendas lo que yo quiera que comprendas,
Quizá tu alma sangre, y lo haga de veras,
Quizá otros dibujen con mimo la sombra de tu oro,
Ese tan puro que tú tratas de absurdo
Porque crees que está sucio.

De tanto sentir en otro y en otros,
Regalas alegremente lo que algún día será mío
Cuando a un nuevo sol renazca y trasmute
En las orlas plateadas de algún joven río.

¡Pobre iluso!, te figuras, aseguras,
¿A qué aspira si ya fue sincero?
Si rechaza esos tientos que entre risas le llevo,
Si se sonroja si digo que de todos me lleno,
Si sabe de sobra que yo ya tengo dueño,
Pero me regala canciones, ¿Qué es lo que siento?

Me sentaría en el horizonte para entorpecer el amanecer,
Engarzaría las estrellas del cielo con mi semilla,
Una a una, y de lejos, si de mí eso quisieras, si tú lo pidieras,
¡Sí, de rodillas!

Pero el universo no es exacto y equivoca sus pasos
Confundiendo a dos personas que debieron sentir sus tactos,
Pero de facto, y distanciados por dos crueles océanos,
Caminan por los regatos que la vida les ha prestado
Engañando por un rato a las barreras que, astuto,
El señor ha diseñado.

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Cuando sueño que eres mía

tanos, atardecer
Casita en Tanos, una foto de Pepín Balongo.

¿A quién quiero engañar vestido de descreimiento?
Sigo anhelando los rayos de sol que se volcaban en mi pecho
Doy volteretas sin fin alrededor de unos ojos
A veces azules, otros inciertos.

Y ¡claro que sí!:
Sigo llorando en mi almohada recordando viejos amores de viento
Mientras diseño corazones de azúcar que decoran firmamentos
Y mendigo abrazos
Y ¿Por qué no?:
El consuelo de un corazón libre que me lance un tiento
Y que me haga de techo,
Solo eso, nada más que eso.

Hoy he abierto las paredes de mi alma para decirle al cielo:
Qué me sostengo en sus cimientos,
Qué mis labios hablan, y sonrío, qué no me arrepiento
Y cuento las nubes cuando, de pronto, las levanta el viento.

Un instante, una vida, un secreto para ti y quizá el consuelo,
De un suspiro eterno, sin sombras ni lamentos;
No se lo digas a nadie, pero cuando sueño que eres mía
Te dejo ir, como el sol al mediodía.

Y de nuevo una lágrima ilumina
El espacio vacío que me dice que nunca fuiste mía.