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La flor de tu ausencia; qué distancia más cercana

Fuiste ansia, recoveco, pasión y herida; tan abierta que pareció de mediodía siendo negra la noche y sus lagrimas enfurecidas. Reprimido fue el suspiro, aquel que alborotó mi vida y que se erigió en hijo de una ira que no olvida.

Y sin embargo te quiero y también te quiere mi frente marchita; son cosas de de una hoja que gira y gira en una sola palabra sin fin, te lo diré hoy por mañana y mañana por ayer; eterna e inestable te vistes de amanecer en viejos soles que mueren en aquel horizonte donde esperas mi respuesta: aquella que te daré hoy por mañana y mañana por ayer.
Parpados azules y carmín ausente; blancura de primavera en un otoño que aun no reina pero que tiñe de gris todas las esferas; todas, menos tu estela que es recuerdo constante de algo que n fue, de algo que inven5té pero que está en mi piel.
No quiero que me comprendas, o tal vez sea que sí y te hable envuelto en unas sabanas trasparentes; frente a frente y junto a ti, puede que en mis sueños, puede que este mes de abril o puede que nunca y que haya de ser así.
Volveré cuando duermas, cuando yo viva un sueño o cuando ya no deba amanecer; volveré sin quererte porque te amo porque sí.

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Como estrellas fugaces

Lo que otros llaman tus aguas turbias

Son la tinta con la que escribo esos versos,

Pero tú no lo sabes, me crees cobarde

Porque no sabes que mi semilla llegó, aunque tarde,

De prestado y entre dolorosos trances.

Crees seducirme, me sientes a tus pies

En el pedestal de mis deseos,

Pero no es eso, porque te siento muy dentro

Mientras camino y espero en la vereda de tus sueños

A que tu corazón se rinda, a que me hagas un ruego

El día que comprendas que tu amor por mí será eterno.

Quizá comprendas lo que yo quiera que comprendas,

Quizá tu alma sangre, y lo haga de veras,

Quizá otros dibujen con mimo la sombra de tu oro,

Ese tan puro que tú tratas de absurdo

Porque crees que está sucio.

De tanto sentir en otro y en otros,

Regalas alegremente lo que algún día será mío

Cuando a un nuevo sol renazca y trasmute

En las orlas plateadas de algún joven río.

¡Pobre iluso!, te figuras, aseguras,

¿A qué aspira si ya fue sincero?

Si rechaza esos tientos que entre risas le llevo,

Si se sonroja si digo que de todos me lleno,

Si sabe de sobra que yo ya tengo dueño,

Pero me regala canciones, ¿Qué es lo que siento?

Me sentaría en el horizonte para entorpecer el amanecer,

Engarzaría las estrellas del cielo con mi semilla,

Una a una, y de lejos, si de mí eso quisieras, si tú lo pidieras,

¡Sí, de rodillas!

Pero el universo no es exacto y equivoca sus pasos

Confundiendo a dos personas que debieron sentir sus tactos,

Pero de facto, y distanciados por dos crueles océanos,

Caminan por los regatos que la vida les ha prestado

Engañando por un rato a las barreras que, astuto,

El señor ha diseñado.

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De esperas y decepciones

Canción de amor para un viejo piano que alborotó sus teclas y las desvistió de emoción.

Viento tuerto que desvía el ánimo hacia las emociones muertas, descarta lo bello y nos regala un manto gris y mugriento.

Días de invierno, aquel que siempre niega el saludo y que se va sin liberar su sitio por si acaso la opacidad de un alma enferma se pierde para siempre en su infierno de desolación y soledad.

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Invisibles, como mis recuerdos

El mismo cielo, las mismas nubes y el tiempo que vuela entre mis manos; gotas de lluvia que, como lágrimas del corazón, resbalan por una frente cansada y unos ojos aletargados que ya perdieron la ilusión.

Y así veo la vida pasar: Invisible como los viejos anhelos y demoledora como ese amor no correspondido del que ya no recordamos el nombre porque no hace falta, demasiados vientos desmantelaron las paredes de una coraza que ya no cumple su función porque ya no tiene nada que proteger.

Y así la mayoría de mis sueños se difuminaron, lo mismo que el espacio ocupado por flores de decadente belleza que ya se marchitaron para siempre, por eso prefiero pasear solo aunque me dé miedo el reflejo gris que me devuelven los mil espejos que, aunque no recuerdan mi nombre, si saben de las alas que perdí y de las sombras que alquilé.

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Como un viento enamorado

Me dueles amor mío, me dueles tranquilo,
Remiendos de lava, labios vacíos,
Dueles en el alma junto al cubículo al que jamás podré llegar.

De herido derribo cimientos y derivas,
Malgastando fortunas en suspiros y lágrimas
Y todo despacito, hastío, cansancio,
Demoledora ausencia en horas perdidas
Que, de aburridas, parecen que transcurren plácidas.

De puro faltarme no llego ni a hartarme,
Si me vas a doler, termina, hazlo deprisa,
O envía el dulce rastro de tu melancolía.

Envuélveme en las suaves espinas de tu alegría,
Derriba la mía si quieres, pero no esperes, devora mis sentimientos
Altera mi ánimo, haz lo que quieras,
Mata mis sueños, pero no dudes,
Envíame un beso que, de dulce, queme mis anhelos.

Si, de saber, sabrías lo que en mi mente anida
Aterrada comprobarías que, donde antes había corazón,
Ahora solo brillan espinas, ¡pero, qué bellas espinas!
Que impiden que al final veas mi herida
Donde unos días antes solo había delicias.

Conoces el medio, tienes el método, el antídoto,
Pero lo dosificas y me señalas horizontes lejanos o absurdos
Pero jamás me dices,- te amo-.

Y de paso la vida, entre contenta y divertida,
Se frota las manos como diciendo:
-Otro que dejará de soñar-.

Pero más fuerte que la vida es el deseo,
Y más grande que el deseo el dolor,
Y fruto del dolor nace un amor, en forma de viento,
Que altera y conmueve mi pálida flor.

Hoy acato de nuevo el duelo, enfrento el camino y alzo la vista,
Nubes, sol y frescura de rodillas,
Brisa que altera el tacto suave de los besos que ya no me envías.

Ansiosa transcurre la micromilésima de segundo
En la que me alejo de ti,
Y entonces me detengo y suspiro,
Porque, de incoherente, mi carne se abre
Y de nuevo, como en un ruego,
Me acercaré, me entregaré y me enamoraré de ti
Aunque, de silencio, me falte me falte el amarre de los besos que jamás te di.

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El dulce tormento de amarte

Me equivoco, de equivocarme puedo, mi anhelo,
Abrasión y enigma de un tonto sentimiento
Que surge a veces y que, a tientas, busca alejarme
Arrasar todo quedo y arrastrarme hacia un fuego
Que, de lejos, me conmueve y alimenta mis miedos.
Disperso, mi vida, te quiero.
Si fueras la luna, de luto iría a tu encuentro,
Si, de mi arrebato, trenzaras luceros
Los atraparía con tal de entregarte mis besos,
Alfombras de colores, pisando flores
O, quizá, amores que nunca fueron
Pero que en mí estuvieron, devorando muy bajito mis sueños.
Me aferro a tus labios, en ellos calmo lo que me hace daño
Y araño, doy quiebros y siempre callo,
Todo lo tuyo es extraño; pero no engaño,
Por ello vivo, y por tus muslos, y por el ardor de tu tallo
Todo lo que de ti me duele y a ti te hace daño.
Y tú lo sabes, ¡bien qué lo sabes!, Amarte hace daño.
Si, de estar, estuvieras, en el dolor de mis noches
Todo lo dieras por no perderme,
Acariciarme, soñarme, tocarme, -cual mariposa de colores-
Que se adorna de luces, todas azules,
Como tu mirada, como nuestros mares;
No somos aguas dulces, de amarga es nuestra esencia
Porque un maremoto de grises atosiga nuestra existencia.
No sé qué contarte, mi mirada está fija
En la flor de tu pecho y el rubor de tus mejillas,
Viento que equipara lamentos,
Que me aleja un ciento, valores sin cimientos,
Sabor de despedida, mil -te quiero- y un asumido desconsuelo.
Voces que se pierden, y me llegan,
De locura me bañan y a mi alma se pegan,
De agónicas me envuelven y me pierdo, princesa,
Sé que sufres, no sé si me quieres
O, de fútil embargo, enfrías tus sienes
Al igual que se acurrucan los atardeceres.
Piérdete o dame vida, ve, o vuelve,
Haz lo que quieras, dáñame si puedes,
O conviérteme en semilla para ser lo que eres,
Te veré tranquila, o te gritaré mil veces
Hasta que, de pronto, el día me aniquile, y yo no te piense,
O me arrebates el alma, quizá para siempre.