amor.·Fotografía·prosa poética·terror

Himno al amor del siglo XXI

La aurora difumina el sopor de mis pupilas que aun retienen el rojo atardecer de un día que ya parece otra vida.
El viento languidece: este y sur se abrazan en un incierto baile del que se beneficia una flor que aun no sabe que yacerá moribunda en el viejo patio de los pasos malheridos. El mundo la ignora, ella sueña, pero todos tienen prisa y un dolor punzante le grita a la lluvia, al frío y a un corazón o a cualquiera otra delicia.
Sigue el tiempo cimbreando recuerdos, calles que ceden ante madejas de hojarasca y mugre verde; espinas que, febriles, buscan la cerca sedienta del río que sabe que muere; sangre desbaratada y conductos que, ya sin aire, a nadie alcanzan.
Son desvaríos de altamar, alacranes que separan pieles grotescas y desvelan los secretos que se ocultan en las tripas como besos mal robados o convulsiones de falsos enamorados que solo buscan lo que siempre encuentran: alma de mujer que huye ausente de su carne vestida de harapos y cubierta de hiel.
Himno del amor para descreídos, venturas de un adiós para amantes tardíos que ya se han dormido; campos de rosas arrasados y abrazos que se mueren de hastío esperando, ateridos, un regreso fingido que produzca en sus labios algún suspiro.

amor.·Fotografía·poesía

Como aquel viento que roza cada día mis sueños

¿Por qué el viento?, me preguntabas
¿Porqué no las flores? Que son guirnaldas engarzadas
A los suaves latidos de una belleza frágil
Que te mira y sonríe porque pronto va a morir.

¿Por qué no el cielo?
Que te llena de caprichos y te muestra orgulloso
Cientos de caminos diseñados por un orgulloso mármol rosa
Que te enseñó, -¿recuerdas?-
Desvíos a las estrellas y atajos para eludir el atardecer.

¿Por qué no la lluvia?
Que acaricia tus mejillas por si encuentran una lágrima
O se pierde en los senderos que las de antaño dejaron;
Agua que recorre tu pecho como el mayor de los regalos
Y, emocionada, se detiene, por no convertirse en lago
Y apartarse de tu lado.

¿Por qué no la luna?
Si a ella le dedicas tus sueños, unos amados, otros amargos,
Y, cuando ella se abre blanca, te estrella el alma
Deslizándola suave a través de afiladas dagas,
No siendo nunca tú sangre la que de ellas emana.

¿Por qué no su corazón, o el tuyo?
Si el canal que atraviesa vuestro lamento es inmenso
Y eterno el furor de las olas que lo rompen cuando hacéis el amor;
-Palpitan, laten chiquitos-.
Mientras el escarlata néctar os abrasa las venas
Y brota rugiente inflamando muy dentro
Lo que de un corazón manó y al otro llegó quedo.

Prefiero el viento porque soy raíz que se aferra a lo que no está,
Me quedo y muero porque no quiero creerlo
Y pienso que ella volverá,
Y si esto sucede, -¿Quién me avisará?-

Él rompe montañas, atraviesa fuegos
Llega de lejos, conoce suspiros, millones de lamentos
Y todos mis viejos sueños

¿Quién mejor para hablarme de ella?
El ya sorbió su aliento
Rozó sus pechos y sin remordimiento
Dibujó, sin saberlo, los mil colores de su cuerpo.

Quien mejor para entregarme sus besos
Si en aquellos días su viento era yo.

años 80·adiós·amor.·Barcelona·cuento·cuentos·lágrimas

La Barcelona del eterno adiós

En junio del año pasado publiqué, en uno de los muchos blog que he borrado (a veces tengo una forma de ser que no me aguanto ni a mí mismo), una historia que escribí en el año 2005 y a la que tengo mucho cariño, ya lo había olvidado, pero hoy sentía una extraña paz en el alma que me ha llevado a revisar viejos borradores y al encontrarme de nuevo con éste he pensado que porqué no repetir la experiencia.

Me divierto mucho escribiendo teatro o guiones y sobre todo me resulta muy fácil componer poemas, me es muy cómodo y me sirve para entrenar la prosa en los artículos de cine, pero reconozco que para los relatos soy algo más indolente, sobre todo porque me es muy difícil escribir al primer tiro y me suelo aburrir en los preparativos.

Sin embargo este cuento es muy diferente: se lee en poco más de un cuarto de hora y no creáis que tardé mucho más en escribirlo, tras ello lo colgué en “CUENTO WEB” y me olvidé de él.

Escribí este relato en un arrebato y siempre me ha sorprendido que al releerlo sigo encontrando el mismo placer que tuve al redactarlo; ahora estoy a gusto con el cien por cien de la gente que me sigue en el blog, estáis los que tenéis que estar, y no creo que necesite más, por ello he decidido que conozcáis un poco de mi historia para de este modo aprender a conocerme a mí.

Algunos, y algunas, sois más o menos de mi generación, otros más jóvenes, pero todos coincidimos en que hemos vivido grandes amores y también  pequeñas historias como la que hoy os voy a contar.

Porque os garantizo amigos (aunque tras leerlo igual os sorprenda) que se trata de una historia real, (incluso más bella, mágica y onírica de lo que resulta al transcribirla al papel) y además, aunque soy consciente de que no es una obra maestra, podéis estar seguros de que está escrita con el corazón.

Puede que descubráis a medida que avance el relato alguna lágrima furtiva, otros notareis muy dentro el brillo de alguna historia similar que haya rondado vuestras vidas, pero de lo que estoy seguro es que, si lo leéis de buena ley, sentiréis agrado o desagrado, pero sentiréis; algo que, por desgracia, yo ya no soy capaz de hacer, mi corazón es una gran piedra rodante impulsada por la nada y ya solo puede estremecerse al compas de vuestros latidos como ondas de lo que un día fui.

Por eso y haciendo una excepción que apartará durante un día la poesía os dejo mi relato, quiero que sepáis que solo he cambiado las fechas, ya no hace 20 años sino 25 pero sigo sintiendo lo mismo por:

MI QUERIDA DESCONOCIDA

Aún recuerdo su pelo acariciado por el viento, ella no era hermosa, no lo necesitaba, pues sus ojos encendidos no escondían la pasión, su voz sabía a viento fresco de libertad, no sé porqué pienso hoy en ella, su historia estaba ya muy perdida en mi memoria, quizá sea que desde hace algún tiempo no me gusta el pozo sin fondo en el que se está convirtiendo mi vida.

Hace veinticinco años yo era otra persona, la vida aún no me había golpeado con saña y entregaba mi corazón con estúpida confianza.

Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi, su falda voló con el viento y su ropa interior quedó al descubierto, sentí un morbo que recalentó mi mente, pero todo esto se diluyó en cuanto ella me dedicó su primera sonrisa.

En aquellos tiempos yo cumplía el servicio militar en Barcelona, al contrario de la opinión general, esta época de mi vida fue la más hermosa para mí y una de las pocas ocasiones en las que me he sentido auténticamente libre.

Volvamos a su sonrisa, ella me cautivó desde el primer momento, recé para que dirigiera sus pasos hacia la discoteca “El Cid” de la plaza Cataluña, que estaba allí mismo, en ella sólo pagábamos cien pesetas y nos cocíamos a cubatas con muy poco dinero, por supuesto que entró y desde aquel momento ya tenía muy claro cuál iba a ser mi estrategia, el único impedimento lo tendría en la pista de baile, en ese menester soy un pato con almorranas, pero ella me leyó el pensamiento y se sentó muy cerca de la pista.

En ese momento dirigí mi primer ataque seductor pero, cuando ya prácticamente sentía su aliento, un individuo alto y fornido se sentó a su lado, me sentí frustrado a causa de mi metro sesenta y nueve y, aunque mentalmente le derribé de un soplido, tuve que desistir inmediatamente y, cómo en la fábula del zorro y las uvas, decidí que no merecía la pena.

Iba ya por mi tercer Gin Tonic cuando algo me devolvió al partido, el pájaro había ido al servicio y ella volvió a sonreírme, era ya demasiado para mí, y aunque peligraba mi integridad me decidí a hablarle, lo que ocurrió fue surrealista, únicamente me dijo que el domingo iría la discoteca “Quijote” de Hospitalet y que el maromo no estaría, yo no dije una sola palabra, ni siquiera asentí, al tiempo volvió su novio salvándome por los pelos gracias a que ella anduvo rápida de reflejos.

El resto de la semana lo pasé pensando en sus labios y en su aroma, es curioso, yo creo que el amor es la mejor medicina contra el aburrimiento, pero ¿era amor?, ahora que lo pienso reconozco que sí que lo era, pero en aquel tiempo, a mis diecinueve años, supongo que lo confundía con otra cosa.

Por fin llegó el domingo, la cita me iba a costar cara pues ese día me tocaba guardia y tuve que negociar con un amigo, pero poco me importaba el precio, lo importante era que esa misma tarde encontraría alguna razón para besarla.

Aquel día el cielo se venía abajo en Barcelona, mientras caminaba tuve un ramalazo de pesimismo y me convencí de que ella no acudiría y me imaginé a mi mismo plantado como un roble y con mil pesetas menos en el bolsillo; pero no hubo problema, ella estaba esperándome en una calle contigua a la disco por la que yo debía pasar, ¡dios mío! que linda me pareció, era pequeña y su cuerpo parecía cincelado por Miguel ángel.

Reconozco que soy hombre de ojos y trasero y ella estaba bien provista de lo uno y de lo otro, no me gusta dar besos de compromiso, prefiero los de amor, pero cuando la besé en la mejilla, muy cerca de sus labios, todo mi cuerpo se estremeció, su cara estaba caliente y suave como la piel de un melocotón fresco, cuando miré sus ojos de cerca y admiré su verde infinito me convencí de que ella era perfecta para mí.

Mientras regresaba al cuartel la lluvia ya me era indiferente, casi al final de la noche había conseguido el beso tanto tiempo esperado y por un único instante sentí que ella sería mía para siempre…

A la semana siguiente disfruté de un permiso de 48 horas, que por supuesto decidí pasar con ella, quedamos en un sitio fetiche para mí, Montjuic es un enclave mágico y durante la mili lo convertí en un picadero, aunque con ella todo era diferente, y se transformó por encanto en el Taj Mahal.

La primera vez que le cogí de la mano sentí un estremecimiento, la tenía muy cerca y sus ojos brillaban a la luz del crepúsculo, había zonas de Montjuic que yo conocía bien, lugares en los que una pareja podía estar libre de las molestas miradas de la gente, conseguí llegar a su tesoro en cuanto desabroché su camisa, la tersura de sus pequeños pechos encendió mi alma.

Hoy, mientras recuerdo aquellos días, me arrepiento de todo lo que pude haber hecho y no hice, pues debido a tabúes inútiles, nunca llegamos a hacer el amor, aunque en aquellos instantes rocé el éxtasis.

Era diciembre y se avecinaba una ola de frío pero a pesar de ello el día lucía bellísimo, estaba ya anocheciendo cuando a lo lejos vimos encenderse la fuente de Montjuit y al ritmo de una música espectacular comenzó un baile de luz que los dos disfrutamos como los niños que aún no habíamos dejado de ser, antes de darme cuenta una lágrima se deslizaba por mi mejilla, en el fondo presentía que se acercaba el fin de nuestra historia.

Ya entrada la noche nos fuimos hasta las ramblas, allí realicé por enésima vez el rito de la fuente de Canaletas que propiciaría mi regreso a mi adorada Barcelona, desde luego a lo largo de mi vida he viajado varias veces a esa hermosa ciudad pero en circunstancias distintas y por supuesto sin ella a mi lado.

A la derecha de las ramblas está mi enclave preferido de la ciudad, la plaza mayor, en ella se vive una eterna algarabía de colores y de gentes, yo conocía allí a un viejo compañero de fatigas alcohólicas que trabajaba de camarero en uno de los bares más cutres, y a la vez más lleno de vida, de toda Barcelona, entrar en sus baños era como visitar una biblioteca repleta del saber de la calle.

No recuerdo cuantas cervezas nos tomamos por el morro aquella noche, pero el alcohol nos acercó aun más, su cara estaba pintada de un rubor de rosa roja, y de vez en cuando un halo de suave nostalgia se dibujaba en su mirada, yo también estaba triste, pero en aquel momento lo único que importaba era estar a su lado; el resto de la noche fue una batalla de mil conversaciones guardadas desde la infancia, amores, películas, libros, ella escuchaba muy bien, a lo largo de mi vida he descubierto que casi nadie sabe escuchar, empezando por mí mismo.

Al salir del bar, y bajo una leve nevada, observamos divertidos como una pareja de Punkies hacía el amor sobre el capó de un coche, no pude reprimir mis deseos de besarla, supongo que ella estaba tan excitada como yo pero, contrariamente al tópico, los ochenta fueron una época en la que aún todos teníamos demasiado cerca la castrante educación franquista y contemplábamos el sexo como algo demasiado mágico.

Qué delicioso fue pasear con ella por las calles vacías, éramos una especie de reyes de la ciudad, en una de esas calles del barrio gótico vivimos una de las situaciones más extrañas que he tenido en mi vida, a pesar de no haber casi luz, un anciano tocaba su violín entre la penumbra, la música se me quedó pegada al alma; muchos años después descubrí que era el “Adaggieto” de la quinta sinfonía de Malher.

En ese momento me pareció la música más bella que había escuchado en mi vida, nos sentamos frente al anciano y él, encantado, nos ofreció su hermoso concierto, recuerdo que me sentía más vivo que nunca, y entre la fría brisa y el aliento del amor me di cuenta de que en ese instante estaba fabricando recuerdos para todo el resto de mi vida.

La dulce sensación de calidez de aquellos momentos la interrumpió el viejo músico cuando mientras guardaba su violín nos espetó a vivir el momento, un “Carpe Diem” particular que en cierto modo tenía mucho de profético, cuando traté de darle unas monedas me contestó algo que hoy, veinticinco años después, aun me inquieta:

-yo tenía que tocar para vosotros, hace muchos años que lo sabía-

Nos dijo esto con una solemnidad tal que, por un instante, le creímos a pies juntillas, luego más tarde llegaríamos a la conclusión de que solo se trataba de un pobre loco y dejamos de pensar en ello, hoy sin embargo prefiero pensar que nos cruzamos con un ángel que en cierto modo justificó nuestra inconclusa historia de amor.

Al final de la calle volvimos al bullicio de la ciudad, “El paralelo” de 1984 era una especie de gran escenario en el que cabían toda clase de tribus urbanas, en un espacio de veinticinco metros podían convivir el bar mas barriobajero con un “Molino rojo” reluciente aunque dormido, y sobre todo con la gran “Estudio54” cuna del tecno y templo para el estudio antropológico de toda una década.

Cuando entramos en estudio, nos recibió “Franky goes to Hollywood” con su “Relax” estruendoso, acompañado de una explosión de luz y fantasía, el local estaba repleto y aunque ya estábamos un poco piripis nos tomamos un par de cubatas más en la barra.

Fue entonces cuando se me ocurrió una estrambótica idea, la reté a jugar conmigo al escondite allí mismo, y ella, que estaba tan loca ó tan borracha como yo, aceptó encantada, la tocó esconderse y tras contar hasta cien emprendí mi búsqueda, elegí arriesgarme y comenzar a buscar por arriba.

Las escaleras estaban tan concurridas como el metro en hora punta, el piso elevado regalaba una panorámica aun mas gótica del escenario, estaba compuesto de pequeños reservados en los que las parejas retozaban a gusto, en uno de ellos encontré por primera vez a una pareja de lesbianas besándose, la verdad es que la escena me causó algo de estupor porque eso estaba a años luz de cualquier cosa que hubiera conocido en la pequeña ciudad de provincias en la que había nacido, hoy en día sin embargo me parece tan normal como encender un cigarro.

Enseguida dejé de pensar en ello, ya comenzaba a echar de menos a mi preciosa compañera de juego, de pronto la descubrí agachada a unos metros de mí, me hice un poco el loco para hacerle ver que aun no la había visto, pero entonces el diablo me insinuó una retorcida idea, entablé conversación con la primera chica que encontré, mi pobre amiga se descubrió al instante y yo aproveché su desconcierto para cazarla y así ganar el juego, ella tras darme una bofetada, me besó más ardiente que nunca.

Llegó un momento en el que ya nos agobiábamos y salimos de nuevo al frío de la calle, que ahora sí que estaba vacía de verdad, nuestros pasos sonaban con la cadencia de una semana santa en Sevilla, pero en un segundo rompí la solemnidad, dos litros de cerveza comenzaban inoportunamente a pedir auxilio justo cuando transitábamos por la calle más lujosa de Barcelona.

No me lo pensé dos veces, tras pedirle que me hiciera de parapeto y en medio de un ataque de romanticismo, dibujé un corazón con mi agüita amarilla, ella me llamo guarro pero a la vez me rogaba divertida que no me la guardara, yo por supuesto no la hice caso aunque debido al frío no había demasiado que esconder.

Era ya muy tarde y nos enfrentábamos al dilema de que no querer separarnos, ella lo solucionó pronto, pensó en una buena amiga que nos ofrecería una cama, y en efecto así fue, aunque con alguna leve modificación, la chica tenía invitada en casa a otra pareja que, como buena samaritana, también había acogido, por lo tanto nuestra cama iba a ser una colchoneta tendida en el suelo, eso sí con mil mantas.

Yo ya estaba decidido a acostarme vestido cuando ella, tomando la iniciativa, se despojó de sus pantalones dejando ver unas dulces y sugerentes braguitas de algodón muy pegaditas a su intimidad.

Aquel cuerpo era bello y provocador y en cuanto ella se acostó a mi lado me dejé llevar por la pasión del momento y, mientras nuestras manos descubrían nuevos mundo, todo nos comenzó a estorbar hasta que quedamos piel con piel, a pesar de estar en pleno invierno, y prácticamente desnudos, disfrutábamos la sensación térmica de una playa en Canarias.

Cuando una parte de mí regó su dulce algodón nos quedamos un buen rato sin decir nada, únicamente fundidos en un abrazo con vocación de eternidad, jamás he comprendido cómo fue posible que ninguno de los dos hablara ni una palabra sobre el pasado o el futuro, es como si hubiéramos aparcado la vida para vivir plenamente aquel regalo del cielo.

Ya eran las siete de la mañana y no teníamos más remedio que interrumpir nuestro abrazo, ella debía volver a su casa y yo aun no sabía que iba a hacer hasta que llegara el atardecer y volver a verla, nunca me ha gustado el amanecer, es frío y me recuerda a la muerte.

Fue después de la despedida cuando ocurrió algo que cambió el destino de ésta historia para siempre, al entrar al cuartel para desayunar me topé de morros con el sargento, un perro de presa que en cuanto me vio iluminó su rostro para seguidamente vomitarme con saña, que al día siguiente partía “voluntario” hacia Viella para un cursillo de esquí.

Sus palabras dinamitaron mi corazón, pero éste personaje no admitía ningún tipo de discusión por eso mi única opción fue el silencio del asentimiento.

Aquella tarde ella no acudió al lugar de la cita, eso aumentó aun más mi amargura pero decidí entrar en la disco por si acaso la veía, y así fue pero al dirigirme hacia ella su amiga me detuvo explicándome que el novio había vuelto por sorpresa, pero que ella más tarde hablaría conmigo, desconocía por completo que aquel gigante también estaba en el servicio militar, si lo hubiera sabido probablemente esta historia jamás hubiera nacido.

Como bien me dijo su amiga ella vino a mí casi al final de la noche, no pedí ninguna explicación, la verdad es que no procedía, salimos de la disco mientras yo la miraba a sabiendas de que iba a ser la última vez, solo me quedaban dos meses de mili y los iba a pasar bajo el frío de Viella.

Se lo dije enseguida, ella se mantuvo callada unos segundos y después me abrazó, en ese momento me sentí cercano y alejado de ella al mismo tiempo, estaba nevando y nos refugiamos en un portal, en él nos besamos como si fuera la única forma de mantener unidas nuestras almas.

De pronto, llegó un último sobresalto, apareció su amiga con aspecto preocupado avisándola de que el novio le estaba buscando, no nos dio tiempo de nada más, ella salió precipitadamente y yo me quedé a solas con mi desolación, me parecía imposible que todo acabara así, sin un adiós.

Remonté la calle y sin ningún tipo de recato comencé a llorar, era la primera vez que me sentía como un niño perdido y asustado en Barcelona, no había andado demasiado cuando, cerca del cruce de caminos, escuché una carrera veloz, al volverme la vi a ella con el pelo lleno de nieve y respirando con dificultad.

Ella lloraba al igual que yo, no podíamos decir nada y, mientras nos abrazábamos, intentaba retener su rostro en mi memoria (aunque hoy mi alma solo recuerde su calor), tras un beso que pareció eterno, nos miramos y sin decir una palabra nuestros corazones tomaron rumbos diferentes.

Entonces en aquella fría noche mientras se desgarraba mi corazón, y sabiendo que no debía mirar atrás, comenzó a morir mi juventud.

Y hoy, cuándo tras veinticinco años su recuerdo vuelve a mí, compruebo con el alma encogida que he olvidado el nombre de mi querida desconocida.

Diciembre de mil novecientos ochenta y cuatro.

(A mí querida desconocida sin nombre)

“Dedicado a todas las mujeres de Cataluña, en vosotras personifico a mi querida desconocida, ¡como os encanta dinamitarme dulcemente el corazón!

Todavía recuerdo a aquella dulce niñuca de ojos verdes que me miraba porque estaba llorando en la entrada del metro en Santa Eulalia, tenía que pasar la Nochebuena en el Remix y estaba roto, pero llegó ella con sus ojos tiernos y yo me hice el machote (porque me dio vergüenza), y pensé: ojalá crea que ha sido el viento, la ternura con la que me miró fue la mejor felicitación de navidad que me hayan hecho en la vida.

A ti también tesoro, eras preciosa, habíamos puesto un puente en Martinet y al volver a Barna no pude resistir la tentación y paré el camión para gastarte una broma y preguntarte por donde se iba a Torrelavega (Cantabria) porque me había perdido, ¡que sonrisa me regalaste!, tampoco te olvido a ti, mi niña, que me besaste furtivamente en el pub 13 de Viella.

Pero sobre todo recuerdo a mi eterna princesita de Els Pallaresus, yo era un soldadito cántabro que estaba a punto de arrancar el camión para regresar al cuartel y tú llegaste con un bocadillo ¿por qué lo hiciste?, jamás olvidaré tus profundos ojos azules, como no olvidaré tampoco que unos minutos antes me acababa de enterar que había muerto François Truffaut y me arrancaste una sonrisa de donde solo había un corazón roto.”

¿Veis porque dice “El principito” que lo esencial es invisible a los ojos?

amor.·poemas·poesía

Lo que soy, lo que vivo, lo que siento

Soy ave de paso y apeadero de mil almas,

Refugio seguro y cruce de caminos,

Dulce crepúsculo y león de invierno,

Tierno y dulce, áspero y seco,

A veces huracán y casi siempre trueno.

Ansío la paz y la cordura

Y la locura y los sueños,

Detalles nimios del corazón inquieto

De un hijo del mar, que teme su misterio.

A veces soy hielo y, otras, fuego,

Me enamoro de una hoja que mece el viento,

De la ola que no rompe y del cauce de un río seco;

Pero cuando tintinean los ángeles,

Y mi amor es carne y hueso,

Mi corazón moldea las estrofas de mil versos.

Pierdo y gano, pero nunca juego

Aunque mi alma dude si lo que oye es un lamento

O se trata de una rosa

Que ya no se muere por dentro.

Soy sublime sinfonía y distorsión delirante,

Cuerda de guitarra y arpa abandonada,

Guijarro en el camino o paseo de estrellas,

Galaxia acompañada por un solo planeta

Que espera a su cometa.

Acaricio el silencio o montes eternos,

Pieles tersas y mechones de cabello

O recuerdos olvidados de un viejo tiempo

En que amores imposibles dinamitaron mis cimientos.

Es difícil renacer tras mil veces muerto,

Recorrer aquel sendero sin la ayuda de otro cuerpo,

Sin una mano que roce el temblor de mis caderas

O los latidos de mi pecho,

Deseos contenidos que separa el universo.

Vivo en el arco iris y la nube gris,

Soy lluvia que cae sobre un niño pequeño

Y que moja a los amantes que aun no han pagado su precio.

Puedo ser el necio que se embelesa

Ante una falda de colores que se rinde al viento

O el fiel enamorado que muere pensando que con él se irán todos sus sueños.

amor.·Fotografía·poemas·poesía

A solas frente al mar; la última mujer

No aguanto más, deseo pasear, sentirme a solas frente a la mar,

Y olvidar, olvidar, olvidar…,

Hoy no quiero mujer, ni con rostro ni sin él,

Solo vivir sin necesidad, ni de besar ni de acariciar,

Doy mucho, dar todo, tanta pasión para no recibir nada

O acaso rastrojos, desidia o desgana.

¿Es ficción?, ¿son recuerdos?

No indagues amiga mía, es mi corazón que habla,

O eso, o nada,

Te tengo, recojo las alas y en pleno vuelo las despliego sin miedo

Así hasta el infinito cercano de tu rostro,

Ese que no recuerdo.

Aunque te siento, muy dentro, quizá en el centro

De un millón de estrellas que han escapado de un viejo cometa

Huyendo de un incierto lamento

Que tú conoces y yo presiento,

Te busco y no te encuentro, te echo de menos.

Alzo la mano, temblorosa, pero altiva,

Y te navego muy dentro aunque tú no me ves,

No soy un alma caritativa,

Pero reniego de esta y de mil vidas en la que tú no estés.

Por eso caminaré sobre una arena fría y cubierta de sueños,

Esos que te presté y que no viste bajo tus pies,

Para así poner mi alma del revés.

Entonces robaré viento, espuma y un trocito del amanecer

Para mirar al sudoeste y decirte bajito, o quizá a gritos,

Que no estás, que te necesito,

Y que puede que hayas sido la última mujer.

Hoy os quiero contar algo, me refiero a vosotros, a los que habéis estado allí detrás siempre y habéis soportado con estoicismo mis desapariciones y los mil cambios de nombre de blog (aunque esta vez he vuelto a los orígenes)  con el único afán de estar solo porque, en algunos momentos, dudo de mí y de mi obra y no me siento digno de ser apreciado por nadie; entonces entorno el alma y me repliego sobre esas alas que solo vosotros veis.

Me refiero en esta ocasión al vídeo que sigue a continuación y que tiene un significado para mí que hoy quiero compartir con vosotros.

La verdad es que mi espíritu es como yo, como mi obra y como mi pasión por géneros cinematográficos aparentemente irreconciliables (acordaros de mi fascinación por el Gore); lo mismo me ocurre con la música: por un lado prefiero el “MY WAY” de Sid Vicious al de Sinatra y por otro me derrito con la música melódica de los años 70 y 80 que es una de mis más reconocidas debilidades, aunque sean el equivalente a echarle azúcar a un bote de leche condensada; son cosas muy mías, supongo.

Mirad: hace ya bastantes años y tras el primer hachazo, en forma de ingreso hospitalario que me tronzó el ánimo para siempre, me vi en un autobús (dado que no podía conducir a causa de la medicación) sentado en una de las butacas como si soportara todo el pecho del mundo en mi pecho y asustado aun por las cosas que había vivido sin creerme aun del todo que todo había sido un engaño de mi cerebro y sobre todo avergonzado por las mil cosas que me sucedieron en el breve espacio de un mes y que me obligaron a aprender de nuevo a leer y escribir.

Entonces, en aquel vehículo, apoye mi cabeza sobre la ventanilla, fuera llovía y hacía uno de los días más grises que jamás había visto en mi querida tierruca.

Fue solo un instante, casi ni me di cuenta y, sin embargo, algo en el hilo musical llamó mi atención: se trataba de esta canción que tantas veces me había emocionado y que siempre me había traído los recuerdos más bellos que he tenido a lo largo de mi vida.

Y allí algo se movió en mi corazón y revolvió algo que yo creía haber perdido para siempre: me refiero a la capacidad de emocionarme; la medicación me tenía tan atado que parecía uno de los zombis de esas películas que tanto amo pero mi corazón aun abrasaba por dentro y trataba con todas sus fuerzas de recordármelo.

Realmente no ocurrió nada en aquel momento; no recuerdo, siquiera, ni si estuve a punto de llorar pero algo se había grabado a fuego sobre la herida incurable que había devastado mi alma.

Pero ya sabéis que el destino es un gran aliado cuando se le necesita de verdad y el propició que en un triste supermercado de barrio las tropas de la esperanza lanzaran un segundo envite contra mí, y esta vez certero.

Tenía que dar paseos y yo, una persona que había sido muy activa, me veía atrapado entre esas estanterías y los mareos y las nauseas que me producían toda esa química que llevaba endosada en la sangre. De pronto volvió a sonar esta canción y al llegar uno de los estribillos que siempre me había hecho llorar sentí que todos los andamios  que atrapaban mi alma se dinamitaban por sí solos; no tuve más remedio que huir hacia la salida porque no hay cosa que más vergüenza me de que emocionarme en público (soy más bruto que un arado y a la gente no le pega en mí) 🙂

Fuera en la calle, me di cuenta de que tenía las mejillas mojadas y que no era la lluvia y me di cuenta de que no estaba todo perdido, que aun me quedaba una esperanza y que la idea de quitarme de en medio a la primera oportunidad ya no tenía tanto sentido porque me había vuelto a equivocar y aun me quedaban sentimientos.

Un beso gigantesco de este santanderino que en su día a día es una fábrica de producir palabrotas;  aunque sea  con habla cantarina, como todos los que nacimos en esta maravillosa ciudad que se estremece con el viento sur aunque esté situada en el norte del norte.

amor.·poemas·poesía·Rey del viento

Aunque no lo sepas te vivo dentro, donde nunca buscas, donde siempreencuentro.

Si me preguntaras de todos mi mejor destino
Contestaría tu pecho,
Si del mejor atajo hacia la luna
Lo mejor de tu mirada,
Contigo no hay dudas, quizá sí infierno,
Pero, entre caricias, nada es eterno.

Y si de mirarte me pierdo, hermoso encuentro sería,
Tu derechita al cielo y yo camino del fuego.

Hay dos razones, o mil, todas tiernas, nada dóciles,
Son peligros, delirios, precipicios de mil mares
Pero de dulce condenarme me quedo tus abrazos
Aunque a nada saben, aunque sin brazos sepan a quebranto,
Porque, tú lo sabes, decidí amarte,
Sabiendo de ciego que te vería alejarte.

Pero entre una oscura soledad y una luz que quizá existe
Me quedo tus labios, aunque de invisibles sepan amargos,
Porque prefiero besar un sueño
Que vivir mil realidades en las que siempre estés luego,
Y a cada luego, un te quiero, y a cada te quiero un eco,
Tu dulce eco, el que es mi suelo,
En él me pierdo tranquilo porque cada paso es un ruego
Puede que perdido, pero siempre al universo.

Te escribo a ti que de rosa eres celeste,
Y de primavera eternidades,
Quizá no sepa besarte, pero jamás podré olvidarte.

Vive de tu aire princesa, tú no lo sabes
Pero es deriva de mi aliento,
Y aunque nada diga cada soplo te sabe tierno,
Porque se trata de la medida de lo que, sin ser viento,
Y aunque me haga morir por dentro,
Se hace lo que tú quieras y te rompe tan adentro
Que de dolor consumieras si de dicha dolorida
Alguna vez me hubieras dicho te quiero.
amor.·Fotografía·poemas·poesía

No es una lágrima, es solo el viento que pasa

Si quieres saber quien dé más te ama
Cruza la mirada hacia alguna esquina olvidada
Y aunque la absurda luna disimule,
Hoy enamorada y mañana sedienta,
Veras, entornada, la hermosa figura de lo que para ti es nada
Aunque te ponga cada día su alma de almohada.

Así somos, así es el viento que rehúye nuestro aliento
Al tiempo que pasa y nos roza con su fuego,
Ella, blanca de armonía, rosa de clavel disfrazado,
Apasionada sin aspavientos, hermosa sin saberlo,
Bella sin proponérselo.

Ella es la que amo, la que mira de lejos,
La que acaricia en silencio,
La que adora la sombra que no sé que llevo dentro,
La que perdona, la que alienta, la que devora el desvelo
Para que vea el amanecer sin recelo.

Ella tan joven, inocencia intocable, dulzura irremediable
Que derriba los cimientos del más absurdo corazón,
Ella, a la que besar es una quimera distante
Porque me sonríe sin mirarme,
O mejor, cuando yo no quiero mirarle.

Son amores de ríos navegables, caudales infinitos
De manos que jamás se rozan y ni siquiera lo saben,
Besos de enamorados regalados a las tempestades
Confiando en las olas que atraviesan mares.

No es distante tu aroma aunque tu mar sea pequeño
Y el mío haya huido de un océano norteño,
No desconfío de tus manos, esas que siempre siento,
Por más que me aturda el rechazo de un destino incierto
Cuando enfrento tu más intimo gozo
Con el abismo infecundo que convirtió mi alma en pozo eterno.